Las emociones siempre han sido un tema central en la experiencia humana. Hoy en día, solemos asociar nuestras emociones con sensaciones físicas: “mariposas en el estómago” al enamorarnos, o un “nudo en la garganta” al sentir tristeza. Estas asociaciones no son solo parte de la cultura moderna; un estudio reciente sobre textos en acadio, la lengua de la antigua Mesopotamia, ha revelado que las personas de esa civilización también vinculaban sus emociones a diferentes partes del cuerpo.
Según el estudio realizado por un equipo de investigadores, los mesopotámicos percibían sus emociones a través de órganos como el corazón, el hígado y las rodillas. El análisis de los textos, que se basó en cerca de un millón de palabras en acadio, mostró que ciertas sensaciones y estados emocionales se asociaban explícitamente con partes del cuerpo, reflejando una visión holística de la experiencia humana.

El corazón y el hígado: Centros emocionales
En la cultura mesopotámica, el corazón era considerado el centro vital de las emociones, de manera similar a cómo lo vemos hoy en día. Sin embargo, lo que resulta más sorprendente es la asociación del hígado con la felicidad. Los mesopotámicos utilizaban palabras como “abrirse”, “brillar” o “estar lleno” para describir momentos de alegría, conceptos estrechamente vinculados con este órgano. Esta concepción podría haber sido influenciada por el papel crucial que el hígado desempeñaba en la vida cotidiana, más allá de su función fisiológica.
Las rodillas y el amor: un vínculo emocional inesperado
Una de las revelaciones más sorprendentes del estudio es cómo las rodillas estaban relacionadas con el amor. Aunque este vínculo puede parecer extraño para nosotros, los mesopotámicos lo usaban para expresar la intensidad emocional que generaba el amor, comparándolo con el acto de arrodillarse en señal de respeto o sumisión. Esta conexión entre las rodillas y las emociones intensas refleja cómo los sentimientos podían “doblar” a las personas, tanto física como emocionalmente.

Este tipo de expresión no es del todo ajeno a nuestra cultura. En muchas tradiciones, el acto de arrodillarse tiene connotaciones espirituales y emocionales, lo que resalta cómo, a pesar de las diferencias temporales y culturales, algunas formas de experimentar y representar las emociones son universales.
Conexiones entre las emociones antiguas y modernas
El análisis de estos textos mesopotámicos no solo ofrece una nueva comprensión de la historia emocional de la humanidad, sino que también abre la puerta a futuras investigaciones. Cuando comparamos el mapa corporal de la felicidad en la antigua Mesopotamia con los estudios modernos sobre cómo las emociones se sienten en el cuerpo, como los realizados por el neurocientífico Lauri Nummenmaa, encontramos similitudes sorprendentes, con la excepción de un marcado “brillo” en el hígado en las representaciones antiguas.
Saana Svärd, líder del equipo de investigación, sugiere que este estudio podría ayudar a comprender mejor las experiencias emocionales humanas universales y sus manifestaciones físicas. Sin embargo, aclara que, aunque los textos nos ofrecen una valiosa perspectiva, las emociones son vivencias profundamente personales que no siempre pueden ser capturadas completamente en palabras.

Este estudio sobre las emociones en la antigua Mesopotamia demuestra que, aunque las culturas cambian, las conexiones entre las emociones y el cuerpo pueden ser sorprendentemente consistentes a lo largo del tiempo. Las antiguas creencias mesopotámicas sobre el amor y otras emociones ofrecen un fascinante paralelo con nuestras propias experiencias físicas de los sentimientos.
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