Aunque existen más de 900 círculos de piedra en Gran Bretaña, Stonehenge destaca por la procedencia lejana de sus piedras. Según el estudio, publicado en Archaeology International, los bloques colosales fueron transportados desde lugares tan remotos como Escocia. Este esfuerzo monumental habría requerido la colaboración de cientos o incluso miles de personas, quienes emprendieron un recorrido de casi ocho meses para trasladar las piedras al sitio de Salisbury.

Mike Parker Pearson, autor principal del estudio, destaca que esta movilización masiva no solo fue un logro arquitectónico, sino también un evento social significativo. «El traslado de las piedras ofreció oportunidades para la celebración, la pompa y la cooperación entre pueblos distantes», señala Pearson, quien describe a Stonehenge como un símbolo político y religioso que unificaba a las comunidades.
La monumental piedra del altar
En el corazón de Stonehenge se encuentra la monumental piedra del altar, una pieza que pesa más de seis toneladas y que fue transportada desde más de 700 kilómetros de distancia. Los investigadores creen que esta piedra, junto con otras conocidas como sarsens y bluestones, se trasladó durante una fase de reconstrucción entre el 2620 a.C. y el 2480 a.C.

La instalación final del monumento se diseñó para alinearse con los solsticios de invierno y verano, lo que refleja la conexión de los antiguos británicos con el cosmos. Durante el solsticio de invierno, una persona ubicada en el centro del círculo podía observar cómo el Sol se ponía exactamente en el corazón del monumento, una disposición que pudo tener un significado ancestral profundo.

Conexiones más allá de lo imaginado
El estudio también destaca las similitudes entre Stonehenge y los círculos de piedra en Escocia, sugiriendo que las sociedades de estas regiones estaban mucho más conectadas de lo que se pensaba. Esto refuerza la idea de que el monumento no solo tenía importancia local, sino también un alcance nacional, involucrando a personas de diversas partes de Gran Bretaña en su construcción y diseño.

Un legado de cooperación y visión
Los hallazgos recientes reafirman que Stonehenge fue mucho más que un calendario astronómico; fue un símbolo de unificación y esfuerzo colectivo. A través de este proyecto, los antiguos británicos no solo demostraron su capacidad para realizar obras monumentales, sino también su habilidad para forjar conexiones entre regiones distantes, creando un legado que sigue fascinando a la humanidad miles de años después.
Stonehenge, con su precisión arquitectónica y alineación solar, continúa siendo una ventana al pasado, revelando cómo los antiguos habitantes de la isla trabajaron juntos para celebrar sus vínculos con los antepasados, el cosmos y entre ellos mismos.
🔬 ¿Te fascina la ciencia? Suscribite a nuestro canal de YouTube para contenido científico que te va a volar la cabeza.
▶ Suscribirme





Deja tu comentario