El agujero negro supermasivo en NGC 1052, a 60 millones de años luz de la Tierra, se encuentra en el centro de este estudio. Los investigadores se enfocaron en sus colosales chorros de partículas de alta energía que emergen desde los lados este y oeste, extendiéndose miles de años luz en el espacio.
Para estas observaciones, utilizaron el Event Horizon Telescope (EHT), una red global de radiotelescopios, en combinación con el Atacama Large Millimeter/submillimeter Array (ALMA), ubicado en Chile. Este último, con 66 antenas avanzadas y su ubicación a 5.000 metros de altura en los Andes, permite mediciones increíblemente precisas gracias a su atmósfera seca y despejada.

Resultados prometedores
Los investigadores encontraron que la región cercana al agujero negro brilla en frecuencias perfectamente detectables por el EHT, confirmando su capacidad para registrar imágenes detalladas de los chorros. Además, detectaron un campo magnético de 2,6 teslas cerca del horizonte de eventos, unas 40.000 veces más fuerte que el campo magnético terrestre. Este poderoso campo es probablemente el motor de los gigantescos chorros de energía expulsados, en lugar de permitir que el material caiga al agujero negro.
El futuro de las observaciones
Los datos obtenidos sugieren que este sistema es ideal para futuras observaciones con redes avanzadas como el Very Large Array (ngVLA) de próxima generación y el EHT (ngEHT) mejorado. Estas herramientas prometen imágenes más nítidas y detalladas de los centros galácticos, abriendo nuevas puertas al entendimiento de estos enigmas cósmicos.

El trabajo de Baczko y su equipo no solo confirma la utilidad de los telescopios actuales, sino que también apunta hacia un futuro emocionante en la exploración del universo profundo, donde los secretos de los agujeros negros podrían finalmente ser desvelados.
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