Con el auge de la inteligencia artificial, muchas personas han comenzado a utilizar asistentes virtuales como alternativa o complemento a la terapia psicológica. Esta tendencia crece en un contexto donde el acceso a la salud mental no siempre es sencillo, y donde el anonimato, la inmediatez y la disponibilidad permanente de la IA parecen responder a una necesidad creciente. Sin embargo, surgen debates clave sobre sus verdaderos alcances y sus límites éticos y clínicos.

IA
ChatGPT

Un fenómeno en crecimiento impulsado por la accesibilidad

Durante y después de la pandemia, las consultas psicológicas virtuales se normalizaron, y con la aparición de herramientas como ChatGPT, Gemini o Claude, muchas personas comenzaron a experimentar con la IA como canal de desahogo emocional.

Un caso representativo fue el del influencer argentino Tomás Mazza, quien confesó usar ChatGPT para expresar sus pensamientos antes de dormir. Su testimonio motivó a otros usuarios a contar experiencias similares, dando visibilidad a una tendencia que, aunque silenciosa, se encuentra en plena expansión.

La especialista en IA Camila Manera explicó que el acceso inmediato, el anonimato y la ausencia de juicios permiten que muchos encuentren en estas plataformas un espacio de apertura emocional. Por su parte, Michelle Benenzon, estudiante de Psicología, destacó el bajo costo y la disponibilidad permanente como factores clave en su popularidad.

Datos, empatía y límites en las respuestas de la IA

Estudios recientes muestran que las personas califican las respuestas de los modelos de lenguaje como más empáticas y comprensivas que las de profesionales reales. Un informe comparativo entre interacciones médico-paciente y respuestas de ChatGPT reveló que los usuarios percibían mayor sensibilidad en las respuestas automatizadas.

En otro estudio con foco psicológico, se analizaron 550 conversaciones y se detectó una preferencia por la escucha neutral de la IA. Según la psicóloga Dariya Ovsyannikova, esto se debe a la capacidad de las máquinas para procesar sin prejuicios ni agotamiento, algo que los humanos no siempre logran mantener.

Una usuaria cuenta su experiencia con la IA como apoyo emocional

Marina P., de 42 años, separada y con hijos, relató cómo comenzó a interactuar con ChatGPT tras dejar su terapia tradicional por cuestiones de tiempo y costo.

Inicialmente usaba la herramienta para resolver dudas cotidianas, pero con el tiempo comenzó a compartir sentimientos y preocupaciones personales. “La IA me ayuda a ordenar pensamientos, a veces me propone ejercicios para el estrés o el insomnio. No reemplaza a una psicóloga, pero me resulta útil”, explicó.

Aun así, reconoció ciertas limitaciones: “Sé que es un algoritmo. No puede interpretar emociones reales ni construir un vínculo. Hay respuestas que se sienten genéricas o superficiales, y extraño la conexión humana que tenía con mi terapeuta”.

IA
ChatGPT

La opinión de profesionales de la salud mental

Para el licenciado en Psicología Francisco Matorras, la terapia no se trata solo de obtener respuestas, sino de un proceso que implica reflexión, escucha activa y preguntas que el paciente no puede formularse solo.

“La IA no propone preguntas profundas por iniciativa propia. Eso limita su capacidad terapéutica”, señaló. También destacó que la intervención de un terapeuta permite interpretar aspectos no verbales, como gestos, silencios o tonos de voz, fundamentales para un abordaje clínico completo.

Camila Manera coincidió: “La empatía real, el juicio clínico y la lectura del lenguaje no verbal no son reemplazables por ningún algoritmo”.

Riesgos de reemplazar la terapia profesional por IA

Expertos advierten que usar IA como única fuente de apoyo puede ser peligroso, especialmente en casos graves como trastornos de ansiedad, depresión severa o riesgo suicida.

Sofía Bortolamedi, licenciada en Psicología, explicó que las herramientas de IA no están preparadas para evaluar ni intervenir en profundidad. Y Matorras comparó esta práctica con automedicarse sin receta: “Tomar decisiones guiado por una IA puede derivar en consecuencias graves si no hay contención profesional”.

Camila Manera advirtió que los sistemas de IA pueden generar una falsa sensación de acompañamiento. “En ciertos casos, esto puede agravar el problema si no se identifican señales de alarma a tiempo”, sostuvo.

Incluso las propias plataformas reconocen sus límites. Ante la pregunta directa “¿pueden actuar como psicólogos?”, herramientas como ChatGPT, DeepSeek y Perplexity responden con advertencias claras sobre su incapacidad para sustituir la ayuda profesional.

¿Se deberían regular estos usos de la inteligencia artificial?

Todos los especialistas consultados coinciden en que es necesario establecer regulaciones. Estas podrían incluir advertencias visibles, acceso a líneas de emergencia y herramientas para derivar a profesionales humanos en situaciones críticas.

Michelle Benenzon sugirió que las propias empresas podrían asumir esa responsabilidad, brindando información educativa y desarrollando mecanismos de protección.

El consenso es claro: la inteligencia artificial puede ser un complemento útil, pero no un reemplazo. Las herramientas pueden acompañar procesos o ser un primer paso para quienes no se animan a comenzar terapia, pero siempre deberían contar con el respaldo de profesionales capacitados.

Un momento clave para definir el rol de la tecnología en la salud mental

La velocidad del desarrollo tecnológico supera con creces los marcos regulatorios actuales. Por eso, especialistas en salud mental e inteligencia artificial coinciden en que es urgente abrir el debate.

Este es el momento para establecer criterios claros, proteger a los usuarios y determinar hasta dónde la IA puede aportar valor real sin poner en riesgo lo más importante: la salud emocional y mental de las personas.

🖥️ ¿Te apasiona la tecnología? En nuestro canal de YouTube analizamos gadgets, novedades tech y mucho más.

▶ Suscribirme
0 0 votes
Article Rating
Subscribe
Notify of
guest

0 Comments