¿Por qué sentimos hambre o sed? Aunque parezca una cuestión simple, los mecanismos detrás de estas necesidades son sorprendentemente complejos. Un nuevo estudio científico ha identificado neuronas clave en la amígdala cerebral que podrían controlar no solo la urgencia por alimentarnos o hidratarnos, sino también nuestras preferencias. Lo que parecía biología básica ahora se entrelaza con emociones, decisiones y hasta con nuestros gustos.


El papel oculto del cerebro en el hambre y la sed: las neuronas que deciden por nosotros
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Un cerebro que siente… y decide

Durante años, los científicos han intentado comprender cómo el cerebro traduce señales físicas en comportamientos como comer o beber. Ahora, un equipo de investigadores ha localizado neuronas específicas dentro de la amígdala que se activan según sintamos hambre o sed. Algunas están especializadas en una necesidad concreta, mientras que otras pueden responder a ambas.

Este hallazgo va más allá de la supervivencia básica: al activar ciertas neuronas, los ratones en el estudio aumentaron su consumo de agua, incluso cuando esta no era especialmente atractiva. Y al desactivarlas, su ingesta disminuía. Esto sugiere que nuestras acciones más básicas no siempre obedecen a necesidades objetivas, sino a cómo el cerebro interpreta esas necesidades.


Neuronas que moldean nuestros gustos

Uno de los aspectos más intrigantes del estudio fue cómo la estimulación neuronal podía alterar la preferencia de los ratones por ciertas bebidas. Usando una bebida poco apetecible como prueba, los investigadores activaron una región específica de la amígdala y observaron que los ratones comenzaban a elegirla por encima de otras.

Esto apunta a que la amígdala no solo detecta la necesidad de ingerir líquidos o comida, sino que también influye directamente en lo que deseamos. La sed, en este sentido, podría estar condicionada por circuitos neuronales que también gobiernan emociones, motivaciones y recompensas.


El papel oculto del cerebro en el hambre y la sed: las neuronas que deciden por nosotros
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Un experimento con luz y precisión

Para lograr esta precisión, los científicos utilizaron una técnica llamada optogenética. Consiste en modificar genéticamente ciertas neuronas para hacerlas sensibles a la luz y luego estimularlas con láser. Esta tecnología permite activar o “apagar” regiones específicas del cerebro con exactitud, algo crucial para estudiar su función.

Además, utilizaron herramientas para monitorear neuronas individuales y analizar cómo se comunican entre sí, trazando un mapa funcional del sistema que regula el hambre y la sed.


¿Qué implica esto para los humanos?

Aunque el experimento se realizó con ratones, los investigadores explican que la estructura de la amígdala es muy similar en humanos. Esto abre la posibilidad de que estos hallazgos puedan aplicarse en el futuro para entender mejor cómo factores emocionales y neuronales afectan nuestros hábitos alimenticios.

Más allá de la biología, estas neuronas podrían ser clave para tratar trastornos como la anorexia, la obesidad o la ingesta emocional. Comprender cómo se activa o se inhibe el deseo de comer o beber puede cambiar nuestra forma de abordar la nutrición y la salud mental.

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