Algunos juegos no buscan que ganes, sino que entiendas. Pera Coda es una de esas raras experiencias que, en lugar de ofrecer retos mecánicos, abre puertas hacia lo emocional, lo abstracto y lo humano. Ambientado en una Estambul neo-noir que parece surgir de un sueño febril, el nuevo título del estudio Falan promete romper moldes y corazones en igual medida. Y lo hace con herramientas poco comunes: memoria, tiempo y silencio.

Una ciudad partida en mil espejos
Estambul, o más bien su eco distorsionado en Pera Coda, no es solo el telón de fondo: es una extensión del subconsciente del protagonista. Deniz, un abogado atrapado entre la vida y la muerte, recorre versiones alteradas de Pera, donde cada rincón representa un fragmento de su identidad rota.
Inspirado por obras como Disco Elysium y Outer Wilds, el juego pone el foco en la introspección, la narrativa y el drama psicológico, alejándose completamente del combate o la acción convencional. Aquí, avanzar no significa vencer enemigos, sino enfrentarse a los propios recuerdos, aceptar los errores y descubrir verdades que, quizás, preferiríamos no conocer.
La experiencia es pausada, íntima y profundamente atmosférica. La arquitectura, la luz y los sonidos urbanos se combinan para construir un paisaje emocional que cambia con cada paso. Los distritos no son solo geografía: son sentimientos encapsulados en calles, estaciones de tranvía y balcones olvidados.
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Uno de los aspectos más innovadores de Pera Coda es su mecánica de “enmascaramiento”. A diferencia de otros títulos con bucles temporales repetitivos, este sistema permite manipular objetos, alterar interacciones y romper patrones, desbloqueando nuevas rutas narrativas sin perder el sentido de progresión.
Este diseño refuerza la premisa de que la memoria no es lineal, sino moldeable. Cada decisión no solo cambia el resultado, sino que altera el contexto en el que ocurre. Lo que parecía un detalle insignificante en un primer ciclo puede revelar una verdad demoledora en el siguiente.
Los controles, al estilo point & click, son deliberadamente simples. Todo está hecho para que el jugador se centre en la narrativa y en las emociones. Las conversaciones, los objetos y hasta el propio ritmo del juego funcionan como espejos de la psique del protagonista: fragmentada, confusa, pero cargada de significado.

Un debut que mezcla arquitectura, arte y alma
Pera Coda es más que un juego: es el primer proyecto del estudio Falan, formado por creativos, arquitectos y narradores que encontraron en Elyzio —empresa dirigida por veteranos de Ubisoft y Google— el respaldo necesario para dar vida a su visión.
El origen del proyecto fue una serie de vídeos conceptuales sobre Estambul, cuyo tono emocional llamó la atención de Elyzio. Con una inversión de dos millones de dólares, el equipo transformó la idea en un juego que busca resonar más allá de lo lúdico.
En palabras del director artístico Ahmet Kazanci: “Esta es una carta de amor a Estambul, pero también a todos los que buscan sentido entre las ruinas de su pasado”.
Cada encuadre isométrico, cada animación, cada sonido ambiente ha sido diseñado no para sorprender, sino para tocar. Con Pera Coda, Falan no solo invita a jugar, sino a recordar, reinterpretar y, tal vez, sanar.
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Franco Del Valle lidera la información sobre videojuegos en Oasis Nerd. Formado en la escuela de los RPG clásicos y los primeros grandes mundos compartidos, hoy sigue de cerca el pulso de un sector en constante cambio. Su mirada mezcla la nostalgia justa del veterano con el análisis agudo de quien entiende hacia dónde se dirigen las nuevas experiencias de juego.





