El frío invernal no solo congela el ambiente: también puede alterar funciones vitales del organismo. Lo que parece una simple molestia puede desencadenar complicaciones graves si no se toman precauciones. En especial, las personas mayores o con enfermedades crónicas deben estar atentas. Aquí exploramos cómo responde el cuerpo al frío y qué hacer para evitar consecuencias serias.
Por qué el cuerpo pierde calor rápidamente
El organismo humano está diseñado para mantener una temperatura constante, pero el clima gélido desafía ese equilibrio. Gran parte del calor se pierde por radiación, especialmente cuando el aire alrededor está muy frío. También influye el contacto con superficies frías (conducción), el viento (convección) y la sudoración, que acelera la evaporación.
Incluso respirar en climas fríos implica una pérdida constante de energía térmica. Cuando la exposición al frío es prolongada, el cuerpo agota sus reservas y la temperatura interna puede caer por debajo de los 35°C, abriendo la puerta a la hipotermia o a la congelación.

El corazón bajo presión
El frío provoca que los vasos sanguíneos se contraigan para conservar calor. Esta reacción, aunque útil, eleva la presión arterial y puede detonar infartos o accidentes cerebrovasculares. Además, la sangre se vuelve más espesa y tiende a coagular, lo que aumenta el riesgo de eventos cardíacos.
Estudios citados por la American Heart Association muestran un aumento en la mortalidad por infarto y accidente cerebrovascular durante las olas de frío. Quienes ya tienen problemas cardiovasculares deben extremar los cuidados.
Riesgos respiratorios e infecciones invernales
El aire frío y seco irrita las vías respiratorias y puede provocar inflamación, dificultando la respiración. Personas con asma o enfermedades pulmonares crónicas son especialmente vulnerables.
Durante el invierno, además, las infecciones respiratorias se propagan con facilidad. El frío debilita las defensas naturales del cuerpo, y la convivencia en espacios cerrados favorece la transmisión de virus. Las mucosas secas dejan al organismo más expuesto.
Hipotermia: señales que no hay que ignorar
Cuando la temperatura corporal desciende, el cerebro comienza a fallar. La hipotermia puede manifestarse con confusión, lentitud al hablar, somnolencia o incluso comportamientos incoherentes, como desvestirse. Si no se actúa rápido, la situación puede volverse irreversible.
Los expertos recomiendan buscar ayuda médica de inmediato. Si no es posible, se deben tomar medidas de emergencia: quitar la ropa húmeda, abrigar zonas clave del cuerpo y ofrecer líquidos calientes sin alcohol.

A quién afecta más el frío
Las personas mayores tienen menos capacidad para generar calor, en parte por la pérdida de masa muscular y problemas circulatorios. También pueden tener dificultades para vestirse adecuadamente o percibir el frío.
Los niños pequeños son igualmente vulnerables, ya que su cuerpo pierde calor más rápido. Además, muchas veces no saben expresar lo que sienten ni cómo protegerse.
Cómo protegerse del frío extremo
Vestirse en capas, cubrir bien manos, pies y cabeza, y mantenerse activo son claves para evitar los efectos del frío. Sin embargo, hay que evitar sudar en exceso, ya que la humedad corporal acelera la pérdida de calor.
Dentro de casa, usar mantas (preferiblemente no eléctricas) y evitar el consumo de alcohol o tabaco ayuda a mantener la temperatura y proteger el sistema cardiovascular. En casos extremos, moverse o tensar los músculos puede generar calor suficiente para evitar una emergencia.
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