Un estudio basado en observaciones del telescopio espacial Chandra de la NASA ha revelado que muchas galaxias enanas, mucho más pequeñas y menos masivas, podrían no tener ningún agujero negro en su centro. El hallazgo no solo desafía un dogma de la astrofísica moderna, sino que también aporta pistas clave sobre cómo se formaron los primeros agujeros negros del universo.
Los gigantes del cosmos sí cumplen la regla
En las galaxias grandes, la evidencia es abrumadora. En el corazón de la Vía Láctea se encuentra Sagitario A*, un agujero negro con una masa equivalente a unos cuatro millones de soles. Observaciones similares en otras galaxias han permitido establecer una relación clara: cuanto mayor es la galaxia, mayor suele ser también el agujero negro que reside en su núcleo.
Este patrón parecía tan sólido que se asumía como una ley casi universal. El problema aparece cuando los astrónomos dirigen sus instrumentos hacia las galaxias enanas, estructuras mucho más débiles y difíciles de analizar, donde detectar un objeto tan compacto se convierte en un auténtico reto.
Dos teorías enfrentadas sobre su origen
Existen dos grandes teorías para explicar el nacimiento de los agujeros negros supermasivos. La primera sostiene que se formaron a partir de agujeros negros estelares, restos de estrellas masivas que explotaron como supernovas y que, con el tiempo, crecieron mediante fusiones y acumulación de materia.
La segunda propone un origen más radical: el colapso directo de enormes nubes de gas en las primeras fases de la formación de las galaxias. Esta diferencia es clave, porque si la primera teoría fuera correcta, todas las galaxias deberían albergar un agujero negro central. Si lo fuera la segunda, su presencia en galaxias pequeñas sería mucho menos frecuente.
Un análisis sin precedentes con el telescopio Chandra
Para arrojar luz sobre este dilema, un equipo liderado por Fan Zou, investigador de la Universidad de Michigan, analizó 1.600 galaxias situadas a menos de 160 millones de años luz. El trabajo se basó en dos décadas de datos del Observatorio Chandra, especializado en detectar rayos X.
Los agujeros negros activos emiten intensamente en este rango del espectro debido al gas extremadamente caliente que los rodea. Gracias a ello, los investigadores pudieron diferenciar si esas emisiones procedían del centro de la galaxia o de otros sistemas, como estrellas binarias.
Un resultado que obliga a replantearlo todo
Las conclusiones son claras: mientras que todas las galaxias grandes del estudio mostraban un agujero negro central, solo alrededor de un tercio de las galaxias enanas presentaban señales evidentes de uno. En muchos casos, directamente no se detectó ninguna emisión en sus núcleos.
Aunque se necesitan más observaciones para confirmar estos resultados, el estudio sugiere que los agujeros negros supermasivos no son una característica universal. Lejos de cerrar el debate, este hallazgo abre una nueva vía para entender cómo nacieron estos monstruos cósmicos y cómo ha evolucionado el universo desde sus primeras etapas.
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