Hace poco más de un siglo, los astrónomos descubrieron que el universo no es estático: las galaxias se alejan unas de otras y lo hacen a mayor velocidad cuanto más lejos están. Aquella observación cambió para siempre nuestra visión del cosmos. Hoy, la cuestión clave ya no es si el universo se expande, sino qué fuerza impulsa esa expansión acelerada.

Esa es la gran pregunta que guía el trabajo del Dark Energy Survey (DES), uno de los proyectos cosmológicos más ambiciosos de las últimas décadas.

Seis años de datos y una precisión sin precedentes

El DES acaba de presentar su análisis más completo hasta la fecha, combinando seis años de observaciones de lentes gravitacionales débiles y la distribución de galaxias. El estudio integra los resultados de 18 artículos científicos y representa el retrato más detallado logrado hasta ahora sobre la influencia de la energía oscura en la evolución del universo.

La gran novedad es la combinación simultánea de cuatro métodos independientes: supernovas de tipo Ia, oscilaciones acústicas bariónicas, cúmulos de galaxias y lentes gravitacionales. Una estrategia teórica planteada hace más de dos décadas que, por primera vez, se concreta con un volumen de datos suficiente.

La expansión del universo se mide como nunca antes y deja una pregunta incómoda sin resolver
cerrotololo – X

El resultado es claro: las nuevas mediciones duplican la precisión de análisis anteriores y estrechan notablemente el margen de modelos cosmológicos compatibles con las observaciones.

De la expansión acelerada al misterio de la energía oscura

Hasta finales del siglo XX, se pensaba que la gravedad acabaría frenando la expansión del universo. Esa idea se derrumbó en 1998, cuando el estudio de supernovas lejanas reveló que el cosmos se expande cada vez más rápido. Para explicarlo, los científicos introdujeron el concepto de energía oscura, que hoy se estima representa cerca del 70 % del contenido total del universo.

A pesar de su peso dominante, su naturaleza sigue siendo desconocida. Precisamente para estudiarla nació el DES, una colaboración que reúne a más de 400 investigadores de 35 instituciones, coordinados desde el Fermilab.

Un censo profundo del cielo austral

Entre 2013 y 2019, el proyecto cartografió una octava parte del cielo utilizando la cámara DECam, instalada en el telescopio Blanco de 4 metros, en el observatorio Cerro Tololo, en Chile. En casi 760 noches de observación se recopilaron datos de 669 millones de galaxias, algunas situadas a miles de millones de años luz.

Gracias a técnicas avanzadas de lentes gravitacionales débiles, los científicos reconstruyeron la distribución de la materia a lo largo de unos 6.000 millones de años de historia cósmica, analizando con enorme detalle cómo se agrupa la materia en el universo.

Un modelo que resiste… pero con tensiones

Al comparar los datos con el modelo cosmológico estándar (ΛCDM), los resultados encajan bien en líneas generales. Sin embargo, persiste una discrepancia en la forma en que la materia se agrupa, una tensión que no desaparece al añadir nuevos datos y que también aparece en otros experimentos independientes.

Lejos de cerrar el debate, estos resultados refuerzan la necesidad de explorar modelos alternativos y preparan el terreno para el próximo gran salto observacional: el trabajo del Observatorio Vera C. Rubin, que en los próximos años iniciará el ambicioso Legacy Survey of Space and Time.

Las mediciones son cada vez más precisas. Las preguntas, también. Y todo indica que la próxima década será decisiva para entender qué es realmente la energía oscura… y cuál será el destino final del universo.

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