El estudio se apoya en dos encuestas realizadas a más de 4.000 personas mayores de 18 años y traza una radiografía detallada de la relación de la ciudadanía con la ciencia, sus referentes y las ideas erróneas más extendidas.

Creencias alejadas del consenso científico

Además del terraplanismo y las supuestas visitas extraterrestres, el informe detecta otras percepciones sin respaldo científico. Un 22% de los encuestados duda de que el ser humano haya llegado a la Luna, el 15% niega la existencia del cambio climático y un 6% vincula erróneamente las vacunas con el autismo.

Estas creencias no se distribuyen de forma homogénea. El estudio señala que son más frecuentes entre personas con menor nivel educativo, menor conocimiento científico y en edades más avanzadas. A medida que aumenta la formación y la comprensión de conceptos científicos básicos, la adhesión a estas ideas disminuye de forma clara.

Educación, edad e ideología

El nivel educativo aparece como uno de los factores más determinantes. Quienes obtienen mejores resultados en las pruebas de conocimiento científico incluidas en la encuesta muestran una menor aceptación de teorías sin fundamento. La edad también influye: los participantes más jóvenes tienden a mostrar mayor alineación con los consensos científicos actuales.

La autoubicación ideológica introduce matices adicionales, sobre todo en cuestiones politizadas como el cambio climático, donde el negacionismo presenta una mayor polarización.

Dificultades en conceptos básicos

El informe también revela lagunas importantes en la comprensión de nociones científicas elementales. Solo el 34% identifica como completamente falsa la afirmación de que los antibióticos destruyen virus, y apenas una cuarta parte rechaza la idea de que el cambio climático se deba al agujero en la capa de ozono.

Asimismo, menos de la mitad de los encuestados reconoce que el calentamiento global se debe principalmente a la actividad humana y no a ciclos naturales del planeta, lo que evidencia dificultades para interpretar correctamente la información científica.

Interés por la ciencia, pero distancia en el día a día

Pese a estos datos, el interés por la ciencia es relativamente alto. El 53% de los participantes se declara muy interesado en contenidos científicos, mientras que solo un 9% muestra un desinterés claro. El principal atractivo es el placer de aprender cosas nuevas, seguido por la utilidad práctica del conocimiento.

Sin embargo, este interés no siempre se traduce en conversación cotidiana: solo un tercio afirma hablar de ciencia con frecuencia, mientras que casi la mitad lo hace rara vez y más de una quinta parte prácticamente nunca.

Confianza en el método científico

En un punto clave, el estudio refleja un amplio respaldo a los principios básicos de la ciencia. El 93% considera esencial la comprobación experimental y la reproducibilidad de los resultados para validar una teoría científica. Además, una mayoría entiende que el conocimiento científico es revisable y puede cambiar si aparecen nuevas evidencias, aunque esta visión es mucho más común entre quienes tienen mayor formación.

Un reto persistente

El informe concluye que, aunque existe un interés generalizado por la ciencia en España, persisten creencias erróneas y una distancia significativa entre parte de la población y el conocimiento científico. Reducir esa brecha, señala el estudio, pasa por reforzar la educación, mejorar la divulgación y facilitar el acceso a información clara y rigurosa.

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