Durante miles de años, África Oriental estuvo dominada por un clima húmedo y grandes lagos que ejercían una enorme presión sobre la corteza terrestre. Hoy, ese equilibrio se ha roto. Una investigación reciente revela que la desaparición progresiva de esos cuerpos de agua no solo afecta al medio ambiente y a las poblaciones humanas, sino que también podría estar influyendo en uno de los procesos geológicos más espectaculares del planeta: la fragmentación del continente africano.

Un continente que se parte en dos

El East African Rift es uno de los sistemas de fallas más extensos del mundo. Se extiende a lo largo de más de 6.500 kilómetros, desde el Cuerno de África hasta Mozambique, y representa una etapa temprana del proceso por el cual un continente puede dividirse en dos. A lo largo de millones de años, este sistema podría dar lugar a la formación de un nuevo océano.

El estudio, publicado en Scientific Reports, muestra que este proceso podría estar avanzando más rápido de lo previsto debido a cambios climáticos relativamente recientes. En concreto, los investigadores señalan que la pérdida de grandes lagos en la región ha reducido la presión que estos ejercían sobre la corteza terrestre, facilitando el movimiento de las fallas.

El papel olvidado de los antiguos lagos

Durante el llamado African Humid Period, hace entre 15.000 y 5.300 años, África Oriental albergaba lagos inmensos. El Lago Turkana, por ejemplo, llegó a tener niveles de agua muy superiores a los actuales. Esa enorme masa de agua actuaba como una carga que “aplastaba” la corteza, aumentando la fricción en las fallas geológicas.

A medida que el clima se volvió más seco y esos lagos se redujeron o desaparecieron, la carga disminuyó. Según los datos del estudio, esto permitió que algunas fallas aumentaran su velocidad de deslizamiento en unos 0,17 milímetros por año. Puede parecer insignificante, pero a escala geológica supone un cambio notable.

Más magma, más actividad geológica

La reducción de la carga hídrica no solo afecta al movimiento de las fallas. Los modelos numéricos utilizados por los científicos indican que la descompresión de la corteza también favorece un mayor ascenso de magma desde el manto terrestre. Esto podría incrementar la actividad volcánica en ciertas zonas del Rift Africano.

En regiones como la Afar Triple Junction, donde convergen varias placas tectónicas, esta combinación de factores convierte al área en un laboratorio natural para estudiar cómo el clima puede influir en procesos geológicos profundos.

Un vínculo inesperado entre clima y tectónica

Tradicionalmente, la tectónica de placas y el clima se estudiaban como sistemas casi independientes. Este trabajo refuerza la idea de que están mucho más conectados de lo que se pensaba. Cambios climáticos prolongados, como las grandes sequías, pueden modificar la dinámica interna de la Tierra y dejar huellas que perduran durante milenios.

Mirando hacia el futuro

Los autores del estudio planean ampliar su investigación a otros grandes lagos de África Oriental, como el Lago Malawi, para entender mejor cómo los ciclos climáticos han influido en la evolución del Rift a lo largo del tiempo. En un contexto de cambio climático acelerado, estos hallazgos ayudan a comprender que sus efectos pueden ir mucho más allá de lo visible, afectando incluso a la propia estructura de los continentes.

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