La buena noticia es que, según los investigadores, este deterioro no es irreversible.

De dos minutos y medio a solo 40 segundos

Una de las voces más citadas en este campo es Gloria Mark, profesora de la Universidad de California, Irvine. Desde principios de los años 2000, Mark estudia cómo trabajamos y cómo cambia nuestra atención en entornos reales.

En sus primeros estudios, realizados en 2003 mediante observación directa de empleados en oficinas, descubrió que las personas podían mantenerse concentradas unos 2 minutos y 30 segundos antes de cambiar de tarea. En investigaciones más recientes, realizadas durante los últimos cinco años con ayuda de software de seguimiento, la cifra se ha reducido drásticamente.

“Hoy, de media, nos distraemos cada 40 segundos”, explica.

Dos tipos de atención, un mismo problema

Los científicos distinguen entre dos formas de atención. La primera es la atención involuntaria, que se activa cuando algo externo irrumpe de forma inesperada: un sonido, una notificación, una interrupción.

La segunda es la atención dirigida, la que decidimos conscientemente dedicar a una tarea concreta. Es esta última la que más se está erosionando, sobre todo en entornos digitales dominados por redes sociales, correos constantes y estímulos diseñados para capturar nuestra mirada.

El problema no es solo que nos distraigamos, sino que hemos normalizado esa fragmentación.

¿Estamos perdiendo la capacidad de concentrarnos? La ciencia dice que sí… pero también que se puede recuperar
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El mito de la multitarea

Muchas personas interpretan esta dispersión como multitarea, una supuesta habilidad para hacer varias cosas a la vez. Sin embargo, la ciencia es clara: el cerebro no funciona así.

Lejos de ser eficiente, la multitarea consiste en saltar rápidamente de una actividad a otra, lo que genera fatiga mental y reduce el rendimiento. No estamos haciendo varias cosas al mismo tiempo, sino prestando poca atención a muchas cosas.

“Solo tenemos una linterna”

La neurocientífica Amishi Jha, profesora en la Universidad de Miami, utiliza una metáfora muy clara para explicarlo.

“Solo tenemos una linterna”, afirma. “Y solo puede iluminar una cosa a la vez”.

Para Jha, la multitarea no es una habilidad avanzada, sino una señal de atención debilitada. Si el objetivo es mejorar la concentración, este comportamiento es precisamente lo que hay que evitar.

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La concentración se puede entrenar

Pese al panorama preocupante, los expertos coinciden en que la atención es entrenable. No se trata de volver atrás en el tiempo, sino de adaptar nuestros hábitos.

Entre las estrategias más recomendadas está la técnica Pomodoro, que propone trabajar en bloques de 25 minutos seguidos de descansos reales de 5 minutos, preferiblemente sin pantallas. Estos descansos permiten que el cerebro se recupere y evitan el agotamiento cognitivo.

Otra clave es entender el propio cronotipo: no todos somos igual de productivos a la misma hora. Identificar cuándo rendimos mejor ayuda a proteger la atención cuando es más valiosa.

Ejercitar la mente como el cuerpo

Durante años se ha insistido en la importancia del ejercicio físico para la salud. Ahora, la ciencia empieza a trasladar ese mismo enfoque a la mente.

“Sabemos que la actividad física diaria es esencial para el cuerpo”, concluye Jha. “Y ahora también sabemos que podemos hacer algo para ejercitar la mente”.

La concentración no se ha perdido para siempre. Pero, como cualquier músculo, necesita menos interrupciones… y más entrenamiento consciente.

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