Un científico australiano sostiene que el célebre misterio del Triángulo de las Bermudas no es tal. Y que, detrás de su fama siniestra, no hay fuerzas sobrenaturales ni fenómenos inexplicables, sino estadísticas, tráfico marítimo y errores humanos.
El nacimiento de una leyenda moderna
El Triángulo de las Bermudas, una extensa zona del Atlántico delimitada aproximadamente entre Florida, el archipiélago de las Bermudas y Puerto Rico, no siempre fue sinónimo de desastre. Su mala reputación comenzó a consolidarse en 1964, cuando el periodista Vincent Gaddis acuñó el término “Triángulo Mortal de las Bermudas” en un artículo publicado en la revista Argosy.
La verdadera explosión mediática llegaría una década después. En 1974, el escritor Charles Berlitz publicó un bestseller que convirtió la zona en un fenómeno global. A partir de entonces, el Triángulo de las Bermudas pasó a ocupar un lugar fijo en libros, documentales y debates científicos… y pseudocientíficos.
Teorías para todos los gustos
Con el aumento de la notoriedad llegaron también las hipótesis más variadas. Se habló de anomalías magnéticas capaces de desorientar brújulas, de olas gigantes que engullían barcos en segundos, de grietas espacio-temporales e incluso de abducciones extraterrestres.
Muchas de las desapariciones asociadas a la región parecían carecer de explicación clara, lo que reforzó la idea de que algo extraño ocurría en esas aguas. Sin embargo, la acumulación de relatos no siempre fue acompañada de un análisis riguroso de los datos.
Una explicación incómodamente sencilla
El divulgador científico australiano Karl Kruszelnicki afirma que el supuesto misterio se disuelve cuando se observan los hechos con frialdad. Según él, el Triángulo de las Bermudas es simplemente una de las zonas más transitadas del mundo por barcos y aviones.
Y la lógica es clara: donde hay más tráfico, hay más accidentes. No porque el lugar sea especial, sino porque las probabilidades aumentan. De hecho, Kruszelnicki sostiene que el número de desapariciones y siniestros en esta región es proporcionalmente similar al de otras áreas marítimas y aéreas muy concurridas del planeta.
Los datos, explica, no muestran ninguna anomalía estadística real.
Lo que dicen las instituciones
Esta visión no es aislada. En 1975, Lloyd’s de Londres ya había concluido que el Triángulo de las Bermudas no era más peligroso que otras rutas marítimas internacionales. Años después, en 2006, las aseguradoras tampoco vieron razones para incrementar las primas de barcos o aeronaves que operaban en la zona.
Por su parte, la NOAA declaró en 2010 que no existía ninguna evidencia de que las desapariciones misteriosas fueran más frecuentes allí que en otras regiones oceánicas con alto tráfico.
Naturaleza, errores humanos y mala fama
La mayoría de los accidentes registrados en el Triángulo de las Bermudas tienen explicaciones bien conocidas. La zona es especialmente propensa a ciclones y tormentas tropicales entre junio y noviembre, condiciones que pueden volverse extremadamente peligrosas. A esto se suman errores de navegación, fallos de comunicación y decisiones humanas equivocadas, factores presentes en cualquier parte del mundo.
Nada sobrenatural. Nada inexplicable.
Un misterio que se sostiene por sí mismo
Según Kruszelnicki, el verdadero secreto del Triángulo de las Bermudas es precisamente ese: que no hay ningún secreto. Su fama se construyó a partir de relatos llamativos, coincidencias amplificadas y una narrativa irresistible para la imaginación colectiva.
Quizá el mayor misterio no sea lo que ocurre en esas aguas, sino por qué seguimos necesitando creer que allí sucede algo extraordinario.
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