A más de 5.000 metros bajo la superficie del mar, frente a las costas de Filipinas, se esconde una formación volcánica gigantesca que durante millones de años permaneció fuera del alcance de la observación directa. Se trata de Apolaki, una caldera submarina de unos 150 kilómetros de diámetro que fue reconocida como la más grande identificada hasta la fecha.
Un gigante volcánico bajo el océano
Apolaki se encuentra en la elevación Benham, también conocida como Benham Rise, una extensa formación submarina ubicada al este de Filipinas. Su nombre significa “señor gigante” en filipino y hace referencia a una figura de la mitología local asociada al sol y la guerra.
La magnitud de esta caldera sorprendió a la comunidad científica. Con aproximadamente 150 kilómetros de diámetro, supera ampliamente a otras estructuras volcánicas conocidas, como Yellowstone, en Estados Unidos, o Toba, en Indonesia. Su base se ubica a unos 5.200 metros bajo el nivel del mar, y su cresta presenta escarpes que alcanzan hasta 300 metros de altura.
El hallazgo fue liderado por la geofísica marina Jenny Anne Barretto, quien junto a su equipo utilizó tecnologías de mapeo submarino de alta resolución para estudiar la zona. Aunque Benham Rise ya era objeto de investigaciones desde 2008, recién en 2019 se confirmó la existencia de una estructura volcánica de estas dimensiones.
Cómo se formó una caldera de escala planetaria
Una caldera volcánica se forma cuando una gran cámara magmática se vacía tras episodios eruptivos intensos y el terreno superior colapsa. En el caso de Apolaki, el tamaño de la estructura sugiere una historia geológica compleja, marcada por actividad magmática prolongada y posibles colapsos sucesivos.
La elevación Benham está compuesta por una capa de rocas volcánicas de unos 14 kilómetros de espesor, con edades estimadas entre 47,9 y 26 millones de años. Estos datos indican que la región fue escenario de una actividad volcánica sostenida durante un periodo muy largo.
El estudio de Apolaki puede ayudar a comprender mejor cómo se forman las grandes provincias volcánicas submarinas y qué papel tienen en la evolución del fondo oceánico. También ofrece una ventana excepcional para analizar la dinámica de placas en el Pacífico occidental, una de las regiones tectónicamente más activas del planeta.
Un hallazgo que obliga a revisar los mapas geológicos
El reconocimiento de Apolaki como la caldera volcánica más grande conocida implica revisar parte del conocimiento sobre las estructuras submarinas profundas. A diferencia de los volcanes visibles en tierra firme, estas formaciones requieren tecnologías avanzadas para ser detectadas, cartografiadas y estudiadas.
Hasta ahora no se han registrado indicios de actividad eruptiva reciente en Apolaki. Sin embargo, los científicos destacan que su tamaño, complejidad y ubicación justifican mantener el monitoreo y continuar las investigaciones.
El desafío es enorme. La profundidad de la estructura dificulta la toma de muestras y la observación directa, pero cada nuevo dato puede aportar información clave sobre la historia geológica de Filipinas y del Pacífico occidental.
Apolaki no es solo una curiosidad geológica. Es una prueba de que el fondo marino todavía guarda estructuras capaces de cambiar lo que se sabe sobre el planeta. Bajo miles de metros de agua, esta caldera gigante conserva la memoria de procesos volcánicos colosales que ocurrieron mucho antes de que los humanos pudieran siquiera imaginar su existencia.
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