Las películas sobre deportes suelen construirse alrededor de la gloria, la disciplina y el deseo de superación. El terror psicológico funciona exactamente al revés: utiliza la obsesión, el aislamiento y la manipulación emocional para incomodar al espectador. Lo interesante de Him: El elegido es que toma ambos mundos y los mezcla en una historia donde el camino hacia el éxito profesional empieza lentamente a sentirse como una trampa. Lo que comienza como una oportunidad soñada para un joven atleta termina convirtiéndose en una experiencia cada vez más extraña, sofocante y perturbadora.

Un entrenamiento que poco a poco deja de parecer una oportunidad
La historia gira alrededor de Cameron Cade, un talentoso mariscal de campo universitario cuya carrera parece destinada al éxito absoluto. Su futuro luce brillante hasta que una lesión grave amenaza con destruir todo aquello por lo que trabajó durante años. El Draft profesional aparece cada vez más lejano y la presión por volver a competir comienza a consumirlo emocionalmente.
En ese contexto aparece la figura que cualquier jugador admiraría casi de manera automática. Isaiah White, una leyenda total del fútbol americano, decide acercarse personalmente al joven atleta y ofrecerle algo imposible de rechazar: entrenarlo en privado para recuperar su mejor nivel antes de que sea demasiado tarde.
La propuesta parece perfecta. Un complejo alejado del ruido mediático, métodos exclusivos de entrenamiento y la posibilidad de convivir con alguien que representa exactamente aquello que Cam sueña convertirse algún día. Sin embargo, la película empieza rápidamente a introducir pequeñas señales de incomodidad que cambian el tono de la historia.
Las reglas dentro del lugar son excesivamente estrictas. El aislamiento comienza a sentirse extraño. Y los métodos físicos y psicológicos utilizados por Isaiah White dejan de parecer simples ejercicios de alto rendimiento para transformarse en algo mucho más invasivo.
Lo más interesante es cómo la película construye esa incomodidad de forma gradual. Nunca intenta revelar demasiado rápido qué ocurre realmente. El espectador descubre el ambiente perturbador al mismo tiempo que el protagonista, compartiendo sus dudas y su creciente sensación de paranoia.
Esa construcción lenta funciona especialmente bien porque Cameron no quiere abandonar el entrenamiento. Necesita creer que todo tiene sentido. Su carrera depende de ello. Y justamente ahí aparece una de las ideas más inquietantes de toda la película: cuánto puede soportar una persona cuando siente que está frente a la última oportunidad de cumplir su sueño.
Marlon Wayans sorprende con uno de los papeles más incómodos de su carrera
Uno de los aspectos que más llaman la atención es el trabajo de Marlon Wayans. Conocido históricamente por la comedia, aquí se aleja casi por completo de ese registro para interpretar a un personaje mucho más ambiguo, inquietante y difícil de descifrar.
Su presencia domina prácticamente cada escena. Isaiah White aparece inicialmente como un mentor carismático, alguien obsesionado con llevar al protagonista al límite para convertirlo en una estrella. Pero a medida que avanza la trama, esa imagen empieza a romperse lentamente.
La película juega constantemente con la incertidumbre. Nunca queda claro si White realmente intenta ayudar a Cameron o si existe una intención mucho más oscura detrás de cada entrenamiento, cada conversación y cada prueba psicológica.
Ese equilibrio vuelve especialmente incómoda la experiencia porque el personaje nunca se transforma en un villano tradicional. Mantiene una mezcla extraña entre figura paternal, líder inspirador y manipulador obsesivo. Y cuanto más tiempo pasa el protagonista dentro del complejo, más difícil resulta distinguir dónde termina la disciplina deportiva y dónde comienza el control mental.
Visualmente, la película también aprovecha muy bien esa sensación de encierro. Los entrenamientos se vuelven cada vez más agresivos y surrealistas, casi como rituales diseñados para quebrar emocionalmente al protagonista. El cuerpo deja de ser únicamente una herramienta deportiva y pasa a convertirse en un objeto de resistencia psicológica.
La tensión crece porque el entorno parece completamente desconectado del mundo exterior. No hay escapatoria sencilla, no existen personas de confianza cerca y Cameron empieza lentamente a perder seguridad incluso sobre sus propias percepciones.
Ese aislamiento permanente termina siendo uno de los elementos más efectivos del film. El espectador queda atrapado junto al protagonista dentro de un ambiente donde cada escena transmite la sensación de que algo terrible está por ocurrir, aunque nunca se sepa exactamente qué.
Him: El elegido utiliza el deporte para hablar sobre obsesión y control
Aunque la película utiliza el fútbol americano como punto de partida, el verdadero centro de la historia es la obsesión. La necesidad enfermiza de triunfar. El miedo al fracaso. Y la manera en que ciertas figuras con poder pueden aprovecharse de quienes sienten desesperación por alcanzar el éxito.
Cameron representa perfectamente esa vulnerabilidad. Después de la lesión siente que perdió el control absoluto de su vida y comienza a depender emocionalmente de la única persona que parece capaz de devolverle el futuro que imaginaba para sí mismo.
La película explora muy bien cómo algunos deportistas terminan construyendo toda su identidad alrededor del rendimiento. Cuando eso ocurre, cualquier amenaza contra su carrera se convierte también en una amenaza contra su propia existencia. Y precisamente esa fragilidad emocional es la que transforma al protagonista en alguien fácil de manipular.
Otro de los puntos interesantes es que la historia incorpora elementos propios del terror psicológico moderno y del cine de culto. Hay momentos donde el relato abandona completamente la sensación de drama deportivo para entrar en terrenos mucho más extraños, incómodos y cercanos a una pesadilla.
La tensión funciona porque nunca se apoya únicamente en sustos o escenas violentas. El miedo aparece principalmente a través de la incertidumbre, la manipulación y la sensación constante de que Cameron está perdiendo lentamente su autonomía mientras intenta convencerte de que todavía tiene el control.
Para quienes disfrutan de thrillers psicológicos centrados en relaciones tóxicas entre maestros y discípulos, Him: El elegido propone una mezcla bastante distinta dentro del género deportivo. Y justamente esa combinación entre idolatría, obsesión y terror termina convirtiendo la historia en algo mucho más incómodo de lo que aparenta al comienzo.
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Carolina Couselo cubre cine, series y anime en Oasis Nerd. Cinéfila apasionada, sus reseñas se destacan por una mirada crítica que va más allá de los títulos obvios — siempre en busca de esa película o serie que todavía no encontró su audiencia. Si hay un underdog en las pantallas, Carolina probablemente ya lo vio.





