El uso del preservativo atraviesa una caída sostenida entre adolescentes y jóvenes, y los especialistas advierten que este cambio aumenta el riesgo de infecciones de transmisión sexual. Aunque sigue siendo el único método anticonceptivo que también protege frente al VIH y otras ITS, su incorporación en las relaciones sexuales continúa siendo baja y desigual.

Un hábito preventivo que no logra instalarse

En Argentina, solo el 14,5% de la población utiliza preservativo en todas sus relaciones sexuales, según advirtió la doctora Silvina Valente, jefa de Sexología Clínica del Hospital de Clínicas de la Universidad de Buenos Aires. La situación es todavía más preocupante entre las nuevas generaciones: informes de AHF Argentina indicaron que apenas el 5% de los adolescentes y el 13% de los jóvenes afirmaron usarlo siempre.

Este bajo nivel de protección ocurre en un contexto sanitario sensible. De acuerdo con datos oficiales citados por los especialistas, el 98% de los nuevos diagnósticos de VIH se asocia a relaciones sexuales sin protección. Además, las personas de entre 15 y 24 años aparecen como uno de los grupos con mayor crecimiento en la notificación de infecciones de transmisión sexual, excepto en VIH.

Las ITS incluyen sífilis, gonorrea, clamidia, herpes, hepatitis A, B y C, Virus del Papiloma Humano y VIH. Algunas pueden cursar sin síntomas, lo que facilita su transmisión sin que la persona lo sepa.

El preservativo pierde lugar entre los jóvenes y crece la preocupación por las infecciones sexuales
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La sífilis y otras señales de alerta

Uno de los datos que más preocupa es el aumento de la sífilis. En 2025, Argentina notificó 46.779 casos, un 75,6% más que en 2022, según registros oficiales. El crecimiento se explica tanto por un aumento real de contagios como por mejoras en la detección y notificación mediante pruebas rápidas y campañas focalizadas.

Entre las señales de alerta de una posible infección se encuentran flujo inusual de color amarillo, verde o grisáceo, ardor, picazón, dolor genital o anal, ampollas, úlceras o lesiones en la zona. Ante cualquiera de estos síntomas, la recomendación es consultar con un profesional de salud para recibir diagnóstico y tratamiento adecuados.

Sin embargo, la ausencia de síntomas no descarta una infección. Algunas ITS pueden transmitirse incluso con una sola exposición, ya que las mucosas de la vagina, el pene, el ano y la boca son permeables, y durante las relaciones pueden producirse pequeñas fisuras imperceptibles.

El preservativo pierde lugar entre los jóvenes y crece la preocupación por las infecciones sexuales
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Mitos, tabúes y baja percepción del riesgo

Los especialistas coinciden en que el problema no se limita al acceso al preservativo. También influyen la desinformación, los tabúes y ciertos mitos culturales. En algunos vínculos estables, proponer su uso todavía se interpreta como señal de desconfianza o infidelidad.

A esto se suma la idea de que reduce el placer o dificulta la erección, aunque los profesionales remarcan que, con un preservativo bien elegido y usado correctamente, el disfrute no debería modificarse de manera relevante. Para incorporarlo sin que “corte el momento”, recomiendan tenerlo siempre a mano, practicar su colocación e integrarlo al juego previo con lubricantes al agua.

La prevención requiere usar preservativo o barreras de látex desde el inicio hasta el final de cada práctica sexual, realizar controles médicos con regularidad y consultar ante cualquier lesión o síntoma. Pero también exige hablar del tema sin vergüenza ni carga moral. Educar sobre anticoncepción y salud sexual no debería ser una conversación excepcional, sino un hábito cotidiano de cuidado propio y colectivo.

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