La vida en la Estación Espacial Internacional depende de una precisión extrema. Cualquier variación en la presión, por pequeña que parezca, puede activar protocolos de seguridad diseñados para proteger a la tripulación. Eso ocurrió el 5 de junio, cuando los astronautas interrumpieron sus tareas habituales y se refugiaron de forma preventiva en las cápsulas acopladas a la estación.
Una fuga conocida que volvió a preocupar
El incidente se originó en el segmento ruso de la ISS, más precisamente en el módulo de servicio Zvezda. Allí, un túnel de transferencia conocido como PrK presenta desde hace años microfisuras que provocan pérdidas graduales de aire.
La situación no era nueva. Las primeras fugas fueron detectadas en 2019 y, desde entonces, Roscosmos llevó adelante distintas reparaciones. Sin embargo, durante la primera semana de junio de 2026, los equipos técnicos observaron un aumento en la tasa de pérdida atmosférica y nuevas zonas sospechosas dentro del compartimento afectado.
Según los datos informados, la fuga alcanzaba cerca de dos libras de aire por día, menos de un kilogramo. En relación con el volumen total de la estación, la pérdida seguía siendo limitada, pero en el espacio incluso una anomalía pequeña exige una respuesta cuidadosa.
Por qué los astronautas se refugiaron
Mientras los cosmonautas rusos realizaban trabajos de reparación más extensos, la NASA pidió a parte de la tripulación que adoptara una postura de “refugio seguro”. Esto significó ingresar temporalmente a las naves acopladas a la estación, especialmente a la cápsula Crew Dragon de SpaceX, preparada para funcionar como vehículo de escape si la situación empeoraba.
La medida no indicaba una evacuación inminente. Fue una decisión preventiva ante la posibilidad de una despresurización rápida o un aumento repentino de la fuga. En ese escenario, los astronautas habrían podido desacoplarse y abandonar la estación con rapidez.
Tras unas horas de seguimiento, análisis y reparaciones, las agencias espaciales determinaron que no existía un riesgo inmediato para la tripulación. Al menos uno de los puntos de fuga fue sellado con material específico para operaciones espaciales, y los astronautas pudieron retomar sus actividades normales.
El envejecimiento de la ISS vuelve al centro del debate
Aunque el episodio se resolvió sin consecuencias graves, volvió a recordar la fragilidad de las condiciones de vida en órbita. La ISS lleva más de dos décadas en servicio, y algunas de sus estructuras muestran señales de desgaste acumulado.
El túnel PrK del módulo Zvezda es una de las principales preocupaciones técnicas para la NASA y Roscosmos. Las agencias continúan investigando el origen exacto de las grietas y evaluando soluciones de largo plazo.
El incidente también explica por qué las tripulaciones siempre cuentan con cápsulas listas para regresar a la Tierra. En el espacio no hay margen para improvisar: incluso una fuga lenta puede convertirse en una emergencia si no se controla a tiempo.
La alerta duró pocas horas, pero dejó una enseñanza clara. Vivir y trabajar en órbita depende de sistemas complejos, reparaciones constantes y protocolos capaces de responder de inmediato ante cualquier señal de peligro.
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