Las ciudades suelen imaginarse como lugares hostiles para la vida silvestre. Asfalto, ruido, contaminación, edificios y tránsito parecen dejar poco espacio para la biodiversidad. Sin embargo, a veces la naturaleza encuentra refugios inesperados en medio del entorno urbano. Eso fue exactamente lo que ocurrió en un cementerio de Ithaca, Nueva York.

Lo que parecía un simple atajo para llegar al trabajo terminó revelando un hallazgo extraordinario. Una técnica de laboratorio de la Universidad de Cornell, Rachel Fordyce, atravesaba el East Lawn Cemetery para evitar pagar estacionamiento. En primavera de 2022, llegó al laboratorio con un frasco lleno de abejas que había encontrado en el camino. Ese gesto casual abrió la puerta a una investigación sorprendente.

Millones de abejas bajo el suelo

Las abejas recogidas pertenecían a la especie Andrena regularis, conocida como abeja minera común. A diferencia de las abejas melíferas, no viven en colmenas ni tienen una reina. Son abejas silvestres y solitarias: cada hembra excava su propio túnel en el suelo, pone sus huevos, deja alimento para las larvas y sella el nido.

Bajo el terreno del cementerio, los investigadores estimaron la presencia de unos 5,56 millones de ejemplares distribuidos en poco más de 6.000 metros cuadrados. La cifra convierte al lugar en la mayor población de abejas silvestres con nido en el suelo documentada hasta ahora.

Cada primavera, estas abejas emergen para polinizar los manzanos y otras plantas de los alrededores. Su presencia demuestra que ciertos espacios urbanos, cuando no son pavimentados ni intervenidos de forma agresiva, pueden convertirse en refugios vitales para especies esenciales.

Por qué el hallazgo es tan importante

Los polinizadores cumplen un papel clave en los ecosistemas y en la producción de alimentos. Muchas plantas dependen de insectos como las abejas para reproducirse, y su declive preocupa a científicos de todo el mundo.

Lo llamativo de este caso es que la población estaba en plena ciudad, junto a una universidad de enorme prestigio, y aun así había pasado prácticamente inadvertida. Se sabía de la presencia de esta especie en el cementerio desde 1935, pero recién en los últimos años se comprendió la magnitud real de la colonia.

Para estimar la población, los investigadores instalaron trampas de malla en distintos puntos del cementerio durante la primavera. Los resultados fueron extraordinarios: millones de abejas concentradas en un terreno pequeño, una densidad comparable al valor polinizador de cientos de colmenas de abejas melíferas.

La mayoría de las abejas no vive en colmenas

El descubrimiento también sirve para desmontar una idea muy extendida. Cuando pensamos en abejas, solemos imaginar colmenas, miel y enjambres organizados alrededor de una reina. Pero esa no es la forma de vida más común.

Aproximadamente tres cuartas partes de las especies de abejas del planeta son solitarias y muchas anidan en el suelo. No producen miel para consumo humano, pero su función ecológica es enorme. Polinizan plantas silvestres, cultivos y árboles frutales, muchas veces de manera muy eficiente.

El cementerio de Ithaca ofrece las condiciones ideales: suelo adecuado, poca perturbación, vegetación cercana y ausencia de pavimento en sectores clave. Para las abejas, ese lugar no es un espacio triste ni vacío, sino un auténtico barrio subterráneo.

Refugios urbanos que podrían desaparecer

El hallazgo llega en un momento delicado. Diversos informes advierten que muchas especies de insectos polinizadores están amenazadas por la pérdida de hábitat, los pesticidas, el cambio climático y la transformación del suelo.

Por eso, los científicos insisten en proteger estos sitios de anidación. Si una zona así se pavimenta, se ajardina de forma intensiva o se altera sin conocer su valor ecológico, millones de abejas podrían desaparecer en muy poco tiempo.

El estudio también tiene límites: la estimación se realizó durante una sola primavera y aún no se sabe si la población crece, disminuye o se mantiene estable. Pero el mensaje es claro. Las ciudades pueden esconder reservas de biodiversidad mucho más importantes de lo que imaginamos.

Bajo un cementerio de Nueva York, millones de abejas recuerdan que la vida urbana no siempre está reñida con la naturaleza. A veces, el mayor desafío no es crear nuevos refugios, sino descubrir los que ya existen antes de perderlos.

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