La desaparición de los neandertales no ocurrió de manera uniforme en toda Europa. Mientras algunas poblaciones del este, los Balcanes y Europa central se extinguieron antes, los grupos del sur de la península ibérica parecen haber resistido durante miles de años más. Ese retraso convirtió a Iberia en uno de los últimos refugios conocidos de esta especie humana.
Durante mucho tiempo, las explicaciones se centraron en el clima y en la llegada de Homo sapiens. Ambos factores fueron importantes, pero no alcanzan para explicar por qué algunas poblaciones desaparecieron antes y otras lograron mantenerse más tiempo. Un nuevo estudio apunta a un elemento decisivo: la conectividad social entre grupos.
Una extinción desigual
Los neandertales habitaron Europa durante cientos de miles de años y desarrollaron una notable capacidad de adaptación. Eran cazadores-recolectores, vivían en pequeños grupos, se desplazaban según la disponibilidad de recursos y ocupaban tanto cuevas como campamentos al aire libre.
Sin embargo, hacia el final del Pleistoceno, su presencia empezó a fragmentarse. La presión climática, los cambios en los ecosistemas y la expansión de Homo sapiens fueron reduciendo sus territorios. Pero ese proceso no fue idéntico en todas partes.
La península ibérica, especialmente sus zonas del sur y suroeste, habría funcionado como una especie de refugio durante el MIS 3, un período marcado por fuertes oscilaciones climáticas entre hace unos 57.000 y 29.000 años.

La importancia de estar conectados
La diferencia clave podría haber estado en las redes de contacto. Según la investigación, las poblaciones neandertales del oeste europeo, incluidas las ibéricas, habrían mantenido conexiones más estables entre grupos que las comunidades del este y sureste de Europa.
Esas conexiones no eran un detalle menor. En entornos hostiles, saber dónde había alimento, qué rutas seguían los animales o qué territorios eran más seguros podía marcar la diferencia entre resistir o desaparecer.
Las redes sociales también permitían alianzas, intercambio de información y posiblemente contacto entre grupos vecinos. En poblaciones pequeñas, este tipo de vínculo podía funcionar como una red de seguridad frente a crisis climáticas, escasez de recursos o aislamiento.
El problema de la fragmentación
El estudio sugiere que los neandertales no desaparecieron por ser menos capaces que Homo sapiens. De hecho, eran humanos altamente adaptados a su entorno. Su debilidad habría estado en la fragmentación de sus territorios y en una menor conectividad general entre poblaciones.
Cuando un grupo queda aislado, se vuelve más vulnerable. Puede sufrir pérdida demográfica, reducción de diversidad genética, dificultades para encontrar pareja o menor capacidad para recuperarse después de una crisis ambiental.
En cambio, las comunidades con más vínculos tienen más posibilidades de sobrevivir. Esa diferencia pudo explicar por qué los neandertales ibéricos resistieron más tiempo que otros grupos europeos.

Una lección que sigue vigente
La investigación también compara este patrón con el comportamiento de Homo sapiens, que tendía a ocupar territorios más interconectados y aprovechar corredores de movilidad, especialmente en el sur de Europa. Esa capacidad de mantener redes amplias pudo haber sido una ventaja decisiva.
La historia de los últimos neandertales ibéricos muestra que la supervivencia no depende solo de la fuerza física, la inteligencia o la adaptación al clima. También depende de los vínculos.
En un mundo cambiante, las poblaciones más conectadas pueden resistir mejor que las aisladas. Esa fue, posiblemente, la carta que permitió a los neandertales de la península ibérica prolongar su existencia cuando otros grupos europeos ya habían desaparecido.
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