Durante años, la sequía fue señalada como una de las grandes causas de muerte prematura de árboles en Europa. Y lo sigue siendo. Pero un nuevo estudio muestra que el problema es más complejo: incluso las estaciones que parecen buenas para el crecimiento pueden terminar debilitando los bosques.
La investigación, publicada en Nature Communications, analizó datos del Inventario Forestal Francés entre 2015 y 2023. En total, se estudiaron más de 500.000 árboles de 52 especies, con el objetivo de entender qué factores aumentan el riesgo de mortalidad.
Cuando una primavera favorable se vuelve peligrosa
El hallazgo más llamativo es que las primaveras cálidas y húmedas pueden tener un efecto negativo meses después. En esas condiciones, los árboles crecen con más fuerza y consumen más agua desde comienzos de año.
El problema aparece si después llega un verano seco. Para entonces, parte de la reserva hídrica del suelo ya fue utilizada y el árbol enfrenta el calor con menos margen de respuesta.
En especies altas, como el abeto plateado, este efecto puede ser especialmente importante. Cuanto más grande es el árbol, mayor es su demanda de agua y más difícil le resulta soportar un déficit prolongado.

No hay una sola causa
El estudio también señala que los inviernos suaves pueden favorecer la supervivencia de plagas, mientras que las primaveras cálidas adelantan la brotación y dejan hojas jóvenes más expuestas a heladas tardías.
Además, las primaveras húmedas pueden facilitar la expansión de hongos y otros patógenos. Así, la muerte de los árboles no responde a un único evento extremo, sino a una cadena de anomalías climáticas que se acumulan a lo largo del año.
Bosques que necesitan otra gestión
Los investigadores sostienen que la gestión forestal tendrá que adaptarse a este nuevo escenario. Una opción es favorecer especies o poblaciones más resistentes a la sequía, especialmente provenientes de regiones más cálidas.
También puede ser necesario aclarar los bosques, reduciendo la competencia por el agua, y retirar antes algunos ejemplares grandes que consumen muchos recursos.
El mensaje del estudio es claro: el cambio climático no solo mata árboles durante las sequías visibles. También puede debilitarlos en estaciones que, a primera vista, parecen perfectas para crecer.
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