Mirar algo no significa necesariamente aprenderlo
Los bebés reciben constantemente sonidos, rostros, movimientos y palabras, pero su cerebro no puede procesarlo todo con la misma profundidad. Por eso utiliza señales sociales para decidir qué información merece atención y cuál puede ignorarse.
Una investigación publicada en Nature Communications sugiere que el contacto visual cumple precisamente esa función. Cuando un adulto mira directamente a un bebé, no solo capta su atención: también comunica que lo que está a punto de decir puede ser importante.
El trabajo fue realizado por investigadores de la Universidad Tecnológica de Nanyang, en Singapur, y la Universidad de Cambridge. Participaron 47 bebés de entre ocho y diez meses y medio; 42 proporcionaron registros cerebrales suficientemente claros para el análisis mediante electroencefalografía.

Tres idiomas inventados y unos anteojos especiales
Cada bebé observó videos de una mujer pronunciando tres idiomas artificiales formados por secuencias repetidas de sílabas. La hablante mantenía la misma posición, expresión y forma de hablar en todas las grabaciones.
La única diferencia estaba en sus anteojos. En una condición, los cristales eran transparentes y sus ojos podían verse claramente. En otra estaban parcialmente oscurecidos y, en la tercera, eran completamente opacos. Los investigadores utilizaron filtros polarizados para modificar únicamente la visibilidad de los ojos sin cambiar el comportamiento de la mujer.
Después de escuchar cada idioma, los bebés oían combinaciones conocidas y secuencias nuevas. Los científicos midieron durante cuánto tiempo miraban cada estímulo: en este tipo de experimentos, prestar más atención a una secuencia nueva indica que el bebé reconoce como familiar la anterior.
Los resultados fueron claros. El aprendizaje alcanzó significación estadística únicamente cuando los ojos de la hablante eran totalmente visibles. Con la mirada parcialmente cubierta apareció una tendencia débil, mientras que con los ojos completamente ocultos no se detectó aprendizaje.
Los bebés miraban la pantalla, pero la información no siempre entraba
Lo sorprendente es que los participantes dedicaron un tiempo parecido a observar los videos en las tres condiciones. Podían parecer igualmente atentos desde fuera, pero su comportamiento posterior mostraba que no habían procesado todos los idiomas de la misma manera.
Esto indica que el contacto visual no funciona simplemente haciendo que el bebé mire durante más tiempo. Actuaría como una señal social que asigna valor a la información: algo parecido a decirle “esto va dirigido a ti y merece ser aprendido”.

Una conexión del cerebro adulto hacia el infantil
Los investigadores compararon la actividad cerebral registrada previamente en la hablante con la obtenida posteriormente en los bebés. Cuando los ojos eran visibles, aumentaba el acoplamiento temporal desde el cerebro de la adulta hacia el del bebé.
Esta conexión predijo mejor el aprendizaje que la actividad cerebral individual del niño o el tiempo que permanecía mirando la pantalla. Los autores la describen como un acoplamiento unidireccional, no como dos cerebros comunicándose de manera telepática ni sincronizándose exactamente al mismo tiempo.
El patrón apareció tanto en Reino Unido como en Singapur. Los bebés singapurenses miraron a la hablante durante más tiempo, posiblemente porque sus rasgos occidentales les resultaban menos familiares, pero no aprendieron más ni mostraron una conexión cerebral diferente.
No significa que sin contacto visual sea imposible aprender
El estudio utilizó videos pregrabados, idiomas inventados y una muestra relativamente pequeña. La propia investigación reconoce que sus resultados deben reproducirse con más participantes y en interacciones cotidianas, donde también intervienen gestos, sonrisas, contacto físico, movimientos y cambios en el tono de voz.
Tampoco demuestra que los padres deban mantener constantemente la mirada o que todos los bebés respondan igual. Sí ofrece una explicación de por qué llamar al niño por su nombre, esperar su atención y mirarlo antes de mostrarle algo puede favorecer el aprendizaje.
Los bebés no son esponjas que absorben indiscriminadamente todo lo que tienen delante. Desde sus primeros meses, parecen utilizar nuestras señales sociales para decidir qué parte del mundo vale la pena recordar.
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