África se prepara para colocar su primer experimento científico sobre la superficie lunar. El proyecto Africa2Moon viajará como carga internacional de la misión china Chang’e-8, cuyo lanzamiento está previsto para alrededor de 2029.
El instrumento estará formado por tres pequeñas estructuras esféricas llamadas BALLS, siglas de Bounced African Low Lunar Spheres. Una vez desplegadas, funcionarán conjuntamente como un pequeño radiotelescopio capaz de captar señales por debajo de los 20 megahercios, una zona del espectro prácticamente imposible de estudiar desde la superficie terrestre.
La misión está liderada por la Foundation for Space Development Africa y reúne a científicos, ingenieros e instituciones de Sudáfrica, Kenia, Ghana, Botsuana y otros países del continente.
Tres esferas en el polo sur lunar
China seleccionó Africa2Moon en abril de 2025 como uno de los diez proyectos internacionales que viajarán en Chang’e-8. La misión aterrizará cerca del polo sur de la Luna, en la meseta Leibniz-Beta, donde también realizará investigaciones geológicas y experimentos relacionados con el aprovechamiento de recursos lunares.
Cada BALLS posee una estructura metálica formada por anillos entrelazados. En su interior lleva antenas, componentes electrónicos y dos paneles solares triangulares orientados en direcciones opuestas, de manera que pueda generar energía independientemente de cómo termine apoyada sobre el terreno.
Las tres unidades serán colocadas a decenas de metros entre sí. Sus mediciones se enviarán primero a una unidad instalada en el módulo de aterrizaje de Chang’e-8 y, desde allí, serán retransmitidas hacia la Tierra para su procesamiento.
El diseño y la fabricación de los prototipos se realizaron en África. Participaron, entre otros, Petrawell en Ciudad del Cabo, el Instituto de Investigación de Sistemas Aeroespaciales de la Universidad de KwaZulu-Natal y el Laboratorio de Sistemas Electrónicos de la Universidad de Stellenbosch. Los modelos estructural y funcional fueron ensamblados en abril de 2026 para iniciar las pruebas de integración con la misión china.
Escuchar lo que la Tierra no permite
La radioastronomía estudia el universo a través de las ondas de radio emitidas por estrellas, galaxias, planetas y otros fenómenos. Sin embargo, la ionosfera terrestre bloquea o distorsiona buena parte de las frecuencias más bajas, mientras que las telecomunicaciones humanas generan una intensa contaminación radioeléctrica.
La superficie lunar ofrece un entorno más silencioso y sin una atmósfera significativa que interfiera en las observaciones. Africa2Moon intentará caracterizar señales de baja frecuencia procedentes del fondo galáctico, el Sol y la propia Tierra, además de probar cómo pueden trabajar conjuntamente varias antenas pequeñas sobre otro mundo.
La misión de 2029 no será todavía el gran observatorio destinado a estudiar directamente las etapas más antiguas del universo. Sus tres antenas actuarán principalmente como un demostrador tecnológico y científico para comprobar el despliegue, la comunicación y la coordinación de una red lunar.
El objetivo final está en la cara oculta
Aunque las primeras BALLS aterrizarán en la región polar del lado cercano de la Luna, el proyecto tiene un objetivo mucho más ambicioso: instalar en una misión posterior 55 antenas en la cara oculta, una por cada país representado en la Unión Africana.
Ese lugar permanece protegido de gran parte de las emisiones de radio generadas en la Tierra. Durante la noche lunar también queda temporalmente aislado de la interferencia solar, convirtiéndose en uno de los entornos radioeléctricos más silenciosos de las proximidades terrestres.
La segunda misión todavía necesitaría un nuevo lanzamiento y probablemente otra alianza internacional. Tampoco está confirmado que las futuras sondas mantengan el mismo diseño: podrían viajar plegadas y desplegarse automáticamente para cubrir una superficie mucho mayor.
Africa2Moon es, por ahora, un pequeño experimento de tres antenas construido en gran medida por equipos voluntarios. Pero su llegada a la Luna supondría un hito para la ciencia africana y el primer paso hacia un observatorio capaz de escuchar una parte del universo que nuestro propio planeta mantiene fuera de alcance.
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