Después de una ola de calor, una inundación o un huracán devastador suele repetirse la misma pregunta: ¿fue provocado por el cambio climático?
La respuesta científica rara vez es un simple sí o no. El cambio climático normalmente no origina por sí solo un fenómeno meteorológico, pero puede hacerlo más probable, intenso, prolongado o destructivo.
Además, los especialistas prefieren no hablar de “desastres naturales”. Una tormenta, una sequía o una ola de calor son peligros naturales o climáticos. Se convierten en desastres cuando afectan a poblaciones expuestas y vulnerables, por ejemplo, por viviendas precarias, sistemas de alerta insuficientes o infraestructuras mal preparadas.
Comparar el mundo real con otro que nunca existió
La disciplina encargada de estudiar esta relación se conoce como atribución de eventos extremos. Un nuevo informe de las National Academies de Estados Unidos concluye que sus herramientas avanzaron considerablemente durante la última década y que algunos estudios ya pueden completarse pocos días después de un evento.
Los investigadores comienzan reuniendo observaciones de estaciones meteorológicas, radares, boyas y satélites. Después utilizan modelos climáticos para recrear dos escenarios.
El primero representa el mundo actual, con las concentraciones de gases de efecto invernadero generadas por la actividad humana. El segundo elimina esa influencia y simula cómo habría sido el clima con condiciones más próximas a las preindustriales.
Al ejecutar cientos o miles de simulaciones, los científicos comparan la frecuencia y la intensidad del fenómeno en ambos mundos. Así pueden concluir, por ejemplo, que una ola de calor se volvió varias veces más probable o alcanzó una temperatura superior debido al calentamiento global.
El calor ofrece las respuestas más claras
La atribución resulta especialmente fiable en las temperaturas extremas. Cuando aumenta la temperatura media del planeta, también se desplaza la distribución completa del calor, haciendo que los episodios excepcionalmente cálidos sean más frecuentes e intensos.
El nuevo informe considera que la confianza más alta corresponde a las olas de calor, los episodios de frío extremo y otros eventos directamente relacionados con una atmósfera más cálida, como las lluvias intensas a gran escala.
La relación con la precipitación también tiene una explicación física conocida. El aire caliente puede contener más vapor de agua, aproximadamente un 7% adicional por cada grado Celsius de calentamiento. Cuando se dan las condiciones necesarias para que esa humedad se libere, pueden producirse lluvias más abundantes.
En los ciclones tropicales, la evidencia indica con alta confianza que el calentamiento causado por el ser humano incrementa las precipitaciones extremas asociadas. Eso no significa que origine cada huracán ni que necesariamente aumente el número total de tormentas.
Tornados y granizo siguen siendo más difíciles
La confianza disminuye en fenómenos pequeños, breves o muy localizados. Los tornados, las tormentas eléctricas severas y las granizadas dependen de procesos atmosféricos que ocurren a escalas demasiado reducidas para muchos modelos climáticos globales.
También faltan registros extensos y homogéneos. Un tornado puede no haber sido documentado en una región poco poblada, mientras que los cambios en radares, satélites y sistemas de notificación dificultan comparar los datos actuales con los de hace décadas.
Las sequías, inundaciones e incendios presentan otro desafío: dependen tanto del clima como de la gestión del agua, el estado de la vegetación, el uso del suelo y las decisiones humanas. Una sequía seguida de calor extremo, por ejemplo, puede secar la vegetación y preparar el terreno para un incendio mucho más grave. La atribución de estos eventos compuestos todavía se encuentra en desarrollo.
Medir no solo el fenómeno, sino sus daños
La investigación comienza a avanzar hacia la atribución de impactos. Esta rama intenta calcular qué proporción de las muertes, pérdidas económicas, propiedades inundadas o problemas de salud puede relacionarse con el calentamiento provocado por las emisiones humanas.
El desafío es separar la influencia climática de otros factores. Una misma tormenta puede causar pocas pérdidas en una ciudad preparada y convertirse en una catástrofe en otra con construcciones vulnerables, drenajes insuficientes o escasos sistemas de evacuación.
Las National Academies recomiendan desarrollar modelos de mayor resolución, aplicar varios métodos al mismo fenómeno y mejorar los registros en regiones del Sur Global, donde la falta de datos reduce la confianza de muchos análisis.
La ciencia no puede afirmar que el cambio climático sea responsable exclusivo de cada tormenta, incendio o inundación. Lo que sí puede medir, cada vez con mayor precisión, es cuánto cargó los dados: cuánto más probable hizo un evento y cuánto aumentó su intensidad antes de que golpeara a una sociedad ya expuesta.
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