Bogotá, Ciudad de México, São Paulo, Río de Janeiro, Santiago o Caracas. Una lista de grandes ciudades latinoamericanas comenzó a circular asociada a una afirmación inquietante: serían algunas de las primeras en “caer” si estallara una Tercera Guerra Mundial.
El supuesto responsable del pronóstico sería ChatGPT.
Pero hay un problema fundamental: ChatGPT no dispone de un modelo predictivo capaz de determinar qué ciudades serían atacadas primero en una futura guerra mundial. OpenAI advierte expresamente que ChatGPT puede generar información incorrecta o engañosa incluso cuando sus respuestas parecen convincentes.
Por tanto, presentar una respuesta generada por IA como un “estudio” geopolítico convierte una hipótesis especulativa en algo que parece mucho más sólido de lo que realmente es.
No existe una lista objetiva de ciudades que “caerían primero”
En un conflicto de semejante escala, los objetivos dependerían de quiénes participaran, qué alianzas estuvieran activas, cómo evolucionara la guerra y qué tipo de operaciones militares se produjeran.
Una ciudad grande tampoco se convierte automáticamente en objetivo simplemente por tener importancia económica.
Es posible analizar factores como puertos, infraestructura energética, telecomunicaciones, instalaciones militares o centros políticos. Lo que no puede hacerse con rigor es utilizar esas variables para asegurar qué ciudad sería atacada primero en un conflicto que ni siquiera existe todavía.
La propia inteligencia artificial puede generar listas diferentes dependiendo de cómo se formule la pregunta.

Colombia coopera con la OTAN, pero eso necesita contexto
Uno de los argumentos utilizados para colocar a Bogotá entre las ciudades supuestamente vulnerables es la relación de Colombia con Estados Unidos y la OTAN.
Colombia efectivamente se convirtió en 2017 en el primer socio global latinoamericano de la OTAN y mantiene programas de cooperación en ámbitos como seguridad marítima, ciberseguridad y formación militar.
Sin embargo, ser “socio global” no equivale a pertenecer a la OTAN. Colombia no es un Estado miembro de la Alianza y esa cooperación, por sí sola, no permite concluir cómo sería tratada Bogotá en un hipotético conflicto entre grandes potencias.
Algo parecido ocurre cuando se intenta convertir la importancia económica de São Paulo, la ubicación de Ciudad de México o el sector energético venezolano en una predicción militar automática.
América Latina además tiene una particularidad nuclear
Hay otro elemento importante que estas listas suelen omitir.
América Latina y el Caribe constituyen una zona libre de armas nucleares gracias al Tratado de Tlatelolco, abierto a firma en 1967 y posteriormente consolidado para la región.
Eso no significa que el continente quedaría mágicamente aislado de las consecuencias económicas, políticas o ambientales de una guerra entre potencias.
Una gran guerra podría alterar comercio internacional, combustibles, alimentos, comunicaciones, transporte marítimo o mercados financieros mucho antes de que hubiera enfrentamientos militares directos en ciudades latinoamericanas.

La IA puede explorar escenarios, no predecir el futuro
Los modelos de IA sí pueden resultar útiles para construir escenarios hipotéticos. Por ejemplo, pueden explicar por qué determinados puertos, redes eléctricas o centros económicos serían relevantes dentro de un conflicto imaginario.
Pero existe una enorme diferencia entre responder “qué factores podrían aumentar la importancia estratégica de una ciudad” y afirmar “estas serán las primeras ciudades en caer”.
La primera pregunta permite un análisis. La segunda exige conocer decisiones políticas y militares que todavía no han ocurrido.
Por eso, más que una predicción sobre una Tercera Guerra Mundial, esas listas muestran otra cosa: lo fácil que resulta convertir una respuesta hipotética de una inteligencia artificial en una aparente certeza cuando se elimina el contexto con el que fue generada.
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