Parece demasiado grande para ser un abejorro. Cubierto por un espeso pelaje anaranjado y con un vuelo tan llamativo que incluso se ganó el apodo de “ratón volador”, el Bombus dahlbomii es una de las criaturas más características de los bosques patagónicos.

También es el abejorro más grande conocido del mundo. Las hembras pueden alcanzar alrededor de cuatro centímetros de longitud y pesar hasta 1,5 gramos. Pero encontrarse con uno es cada vez más difícil: la especie está catalogada como En Peligro y sus poblaciones han sufrido un fuerte retroceso durante las últimas décadas.

El abejorro más grande del mundo vive en la Patagonia y está desapareciendo: una invasión europea lo llevó al límite
Diario de un Naturalista – Youtube.

Un gigante que mantiene vivos los bosques patagónicos

El moscardón es nativo de los bosques templados del sur de Argentina y Chile, donde actúa como polinizador de numerosas plantas autóctonas. Entre ellas aparecen especies como Alstroemeria aurea y el copihue, Lapageria rosea.

Su relación con las flores rojas es especialmente curiosa. No posee un receptor específico para el rojo ni una visión de largas longitudes de onda diferente a la del resto de los abejorros, como se llegó a plantear. En cambio, puede detectar determinadas flores rojas mediante diferencias de contraste entre la flor y el fondo verde, utilizando principalmente la información de sus receptores sensibles a longitudes de onda largas.

Es una adaptación que le permite aprovechar flores que para muchas otras abejas resultan mucho menos visibles.

El problema llegó desde Europa

El gran cambio comenzó cuando Chile empezó a introducir abejorros europeos para mejorar la polinización de cultivos comerciales. Dos especies, Bombus ruderatus y especialmente Bombus terrestris, consiguieron establecerse, expandirse y finalmente cruzar hacia la Patagonia argentina.

El impacto fue mucho más allá de competir por néctar y polen.

Los abejorros introducidos también transportaron parásitos y patógenos desconocidos para las poblaciones locales. Investigaciones realizadas en Patagonia detectaron, por ejemplo, la transmisión del protozoo Apicystis bombi desde B. terrestris hacia el moscardón nativo.

Al mismo tiempo, estas especies invasoras ayudan a polinizar plantas exóticas, favoreciendo su expansión y modificando las relaciones entre plantas y polinizadores que se habían desarrollado durante miles de años.

Ahora los científicos están escuchando sus vuelos

Encontrar moscardones en territorios extensos y boscosos no es sencillo. Por eso, los investigadores están recurriendo a una herramienta inesperada: escuchar el sonido de sus alas.

Un estudio publicado en 2026 utilizó estaciones de monitoreo acústico pasivo en distintos puntos de Chile y Argentina. Los micrófonos registraron los zumbidos de B. dahlbomii y de los abejorros invasores. Como cada especie presenta diferencias en la estructura y frecuencia de sus sonidos de vuelo, algoritmos de aprendizaje automático pueden distinguirlos.

En las pruebas realizadas, los modelos alcanzaron precisiones superiores al 95%, aunque su rendimiento disminuyó al enfrentarse a lugares para los que no habían sido entrenados previamente. La tecnología podría convertirse así en una herramienta para seguir poblaciones sin capturar ni matar insectos.

El “panda de los insectos” busca convertirse en símbolo de conservación

La situación del moscardón ha conseguido ahora una nueva plataforma internacional. Bombus dahlbomii fue seleccionado entre los diez candidatos a “Invertebrado del Año 2026” de The Guardian, precisamente por su extraordinaria biología y por los problemas de conservación que enfrenta.

La votación permanece abierta hasta el 16 de agosto de 2026 y el ganador será anunciado el día 18.

Más allá del concurso, su desaparición tendría consecuencias que van mucho más allá de perder a uno de los insectos más llamativos del planeta. El moscardón forma parte de una compleja red de plantas, microorganismos y otros pequeños organismos de los bosques patagónicos.

Salvar al “panda de los insectos”, por tanto, significa también intentar conservar buena parte del ecosistema que depende de él.

Fuente: Meteored.

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