Mucho antes de que la humanidad dominara la producción de hierro a gran escala, algunas de las personas más poderosas del Mediterráneo oriental ya llevaban este metal en sus manos. Y conseguirlo no requería extraerlo de una mina: primero tenía que caer literalmente del cielo.
Un estudio publicado en agosto de 2026 en el Journal of Archaeological Science analizó 91 objetos de hierro de la Edad del Bronce y comienzos de la Edad del Hierro procedentes de 33 yacimientos de Grecia y Creta. Los resultados apuntan a que las élites minoicas y micénicas utilizaron hierro procedente de meteoritos para fabricar algunos de sus anillos más exclusivos.
El níquel reveló que aquel hierro no era terrestre
El equipo, liderado por Matthieu Gounelle y Eleni Mantzourani, utilizó fluorescencia de rayos X portátil, una técnica que permite conocer la composición química de objetos arqueológicos sin dañarlos.
Entre los 91 artefactos estudiados aparecieron 13 piezas con concentraciones significativas de níquel. Todas tenían algo en común: eran anillos o fragmentos de anillos.
La presencia de níquel es fundamental porque funciona como una especie de huella química. Los meteoritos metálicos contienen proporciones de este elemento mucho mayores que el hierro producido a partir de minerales terrestres.
De esas 13 piezas, los investigadores consideran que nueve tienen un origen meteórico muy probable y otra es bastante probable. Las tres restantes necesitarán nuevos análisis para determinar su procedencia.
No eran simples anillos decorativos
El lugar donde aparecieron ofrece otra pista sobre su importancia. Exceptuando un ejemplar encontrado en el templo de Anemospilia, en Creta, los anillos aparecieron principalmente en tumbas de cámara y tholoi asociadas a individuos de alto estatus, acompañados por objetos de lujo como recipientes de oro, joyas de ámbar y sellos.
Además, muchas piezas combinaban el hierro rico en níquel con oro, plata o bronce y presentaban superficies planas propias de los anillos de sello.
Los investigadores creen, por tanto, que aquellos objetos pudieron funcionar como símbolos de poder entre las élites palaciegas minoicas y micénicas. En una sociedad donde el hierro todavía era excepcional, llevar en el dedo un material extraordinariamente raro habría sido una demostración visible de prestigio.
El hierro pudo recorrer cientos de kilómetros desde Egipto
Queda una incógnita: ¿de dónde conseguían los meteoritos?
Grecia y Creta no son lugares especialmente favorables para encontrarlos. El clima, la humedad y el mar dificultan su conservación. Los desiertos de Egipto, en cambio, permiten que numerosos meteoritos permanezcan sobre el terreno durante miles de años.
Teniendo en cuenta las redes comerciales existentes durante la Edad del Bronce, los autores proponen que el hierro meteórico pudo llegar desde Egipto hasta el mundo egeo mediante el comercio mediterráneo.
No sería algo completamente desconocido. Egipto cuenta con uno de los ejemplos más famosos de utilización antigua de hierro extraterrestre: la daga encontrada en la tumba de Tutankamón.
Una moda que desapareció con los palacios micénicos
La tradición tampoco duró para siempre.
El estudio señala que el uso de hierro rico en níquel disminuyó aproximadamente al mismo tiempo que se derrumbó el sistema palacial micénico, alrededor del siglo XII a.C. Mientras tanto, el hierro obtenido mediante fundición comenzó a ganar terreno y acabaría transformándose en un material mucho más habitual.
Las razones podrían haber sido económicas, políticas o comerciales. Pero los propios investigadores plantean otra posibilidad mucho más sencilla: quizás los anillos fabricados con meteoritos dejaron de estar de moda.
Durante algunos siglos, sin embargo, las personas más poderosas del Mediterráneo consiguieron convertir fragmentos llegados del espacio en uno de los símbolos de estatus más exclusivos de su tiempo.
🔬 ¿Te fascina la ciencia? Suscribite a nuestro canal de YouTube para contenido científico que te va a volar la cabeza.
▶ Suscribirme




