Hace unos 56 millones de años, enormes cantidades de carbono llegaron a la atmósfera y provocaron uno de los episodios de calentamiento más intensos de los últimos tiempos geológicos. Las temperaturas aumentaron varios grados, el régimen de lluvias cambió y los ecosistemas tuvieron que enfrentarse a unas condiciones completamente diferentes. Ahora, los restos de aquellos bosques están mostrando cuánto tardaron en recuperarse.

Un estudio publicado en Science reconstruyó la estructura de antiguos bosques de Wyoming durante el Máximo Térmico del Paleoceno-Eoceno (PETM) y descubrió que, cuando el calentamiento alcanzó sus niveles más extremos, el dosel forestal se abrió de manera drástica y permaneció alterado durante decenas de miles de años. La recuperación completa se produjo en una escala superior a los 100.000 años.

Las hojas fósiles permitieron reconstruir un bosque desaparecido

Para averiguar cómo era un bosque que desapareció hace decenas de millones de años, los investigadores recurrieron a fragmentos microscópicos de cutículas de hojas fosilizadas conservados en las rocas ricas en materia orgánica de la cuenca de Hanna, en Wyoming.

La clave estaba en la forma de sus células. Las hojas que crecen bajo un dosel denso reciben menos luz y desarrollan células epidérmicas más alargadas, mientras que las expuestas directamente al Sol presentan características diferentes. Comparando miles de células fósiles con hojas procedentes de bosques actuales, los científicos pudieron reconstruir el llamado índice de área foliar, una medida utilizada para conocer cuánta vegetación cubre el cielo sobre un determinado terreno.

Los resultados indican que, durante el PETM, ese índice cayó aproximadamente un 35%, lo que significa que los antiguos bosques se hicieron mucho más abiertos. Los investigadores estiman además que la biomasa vegetal llegó a reducirse alrededor de un 60%.

Hace 56 millones de años la Tierra sufrió un calentamiento extremo. Sus bosques tardaron más de 100.000 años en recuperarse
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Más CO₂ no siempre significa más bosques

El hallazgo también ayuda a matizar una idea que suele aparecer cuando se habla del aumento del dióxido de carbono atmosférico. Las plantas necesitan CO₂ para realizar la fotosíntesis y, en determinadas circunstancias, una mayor concentración puede favorecer inicialmente su crecimiento. Sin embargo, el sistema tiene límites.

Durante el PETM, el aumento del CO₂ estuvo acompañado por temperaturas mucho más elevadas y condiciones más secas. El estrés provocado por el calor y la menor disponibilidad de agua terminó superando los posibles beneficios de la fertilización por carbono, haciendo que desaparecieran grandes árboles y que el paisaje fuese ocupado progresivamente por helechos, palmeras y especies mejor adaptadas a ambientes cálidos y secos.

Al abrirse el dosel llegó más radiación solar al suelo, aumentó la temperatura cerca de la superficie y se redujo la cantidad de agua devuelta a la atmósfera mediante la transpiración. El cambio del bosque terminó afectando también a la erosión, el ciclo hidrológico, los nutrientes y los animales que dependían de aquel ecosistema.

El pasado se parece al presente, pero hay una diferencia preocupante

El PETM es uno de los mejores episodios del pasado para estudiar las consecuencias de una gran liberación de carbono, aunque no es una reproducción exacta del calentamiento actual. La principal diferencia está en la velocidad.

Aquella liberación de carbono se desarrolló durante miles de años, mientras que la humanidad está provocando un cambio comparable en concentración atmosférica mediante la quema de combustibles fósiles en una escala de apenas siglos. Los ecosistemas actuales tienen, por tanto, mucho menos tiempo para migrar o adaptarse y además deben enfrentarse simultáneamente a incendios, deforestación, fragmentación de hábitats y cambios en el uso del suelo.

Los bosques de Wyoming finalmente regresaron cuando las temperaturas descendieron y aumentó nuevamente la humedad, pero lo hicieron después de un proceso que se prolongó durante más de 100.000 años.

La advertencia que dejan esos fósiles es precisamente esa: un ecosistema puede recuperarse de un calentamiento extremo, pero el planeta mide esa recuperación en tiempos geológicos, no humanos.

Fuente: Meteored.

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