A unos 335 años luz de la Tierra, los astrónomos han identificado un mundo que parece reunir condiciones difíciles de imaginar en un mismo planeta. Se llama HD 176071 b, tiene aproximadamente 2,5 veces el radio terrestre y una masa cercana a 8,5 veces la de nuestro planeta, pero su característica más sorprendente es la velocidad con la que gira alrededor de su estrella: completa una órbita en apenas 14 horas.
Eso significa que mientras en la Tierra todavía no habría terminado un día, en HD 176071 b ya habría pasado un año completo. La explicación está en su proximidad extrema al astro, del que se encuentra a menos de 2,4 millones de kilómetros, aproximadamente el 1,6% de la distancia que separa a nuestro planeta del Sol.
El resultado es un mundo sometido permanentemente a una radiación y unas fuerzas gravitatorias enormes, pero cuya densidad ha llevado a los investigadores a plantear una posibilidad inesperada: una parte considerable de su composición podría estar formada por agua.
Mucha agua, pero ningún océano parecido al terrestre
Los modelos elaborados a partir de su masa y tamaño sugieren que cerca de la mitad de su composición podría corresponder a materiales ricos en agua. Esto no significa, sin embargo, que HD 176071 b tenga océanos azules semejantes a los terrestres.
Las temperaturas y presiones serían demasiado elevadas. El agua podría encontrarse como vapor en las capas exteriores o adoptar estados físicos mucho más exóticos y comprimidos en las profundidades del planeta.
Su cercanía a la estrella probablemente también haya provocado un acoplamiento de marea, haciendo que una misma cara permanezca siempre orientada hacia el astro mientras el hemisferio opuesto vive en oscuridad permanente. Ese contraste térmico podría generar una intensa circulación atmosférica y grandes sistemas de nubes encargados de transportar calor entre ambas regiones.
Precisamente esas nubes podrían haber sido fundamentales para detectar el planeta.
Fue descubierto sin pasar delante de su estrella
HD 176071 b resulta especialmente interesante porque no transita frente a su estrella desde nuestra perspectiva, por lo que no podía localizarse mediante uno de los métodos más utilizados para descubrir exoplanetas.
En su lugar, los investigadores estudiaron pequeñas variaciones periódicas en el brillo del sistema asociadas a la luz que el propio planeta refleja durante su recorrido orbital. A medida que cambia la porción de su hemisferio iluminado visible desde la Tierra, también cambia ligeramente la cantidad de luz que reciben los telescopios.
El equipo comparó observaciones realizadas por Kepler y TESS, separadas por varios años, y encontró diferencias que podrían indicar cambios en las nubes y en la distribución del calor atmosférico. Aunque los investigadores consideran que todavía se necesitan más observaciones para confirmar esta evolución, la técnica abre una vía interesante para encontrar planetas que nunca cruzan delante de sus estrellas.
Un planeta situado en una región donde casi no debería existir
HD 176071 b también se encuentra dentro del denominado desierto neptuniano, una región orbital donde prácticamente no aparecen planetas del tamaño de Neptuno muy próximos a sus estrellas.
La explicación habitual es que la intensa radiación termina arrancando progresivamente sus atmósferas de hidrógeno y helio, dejando únicamente núcleos más pequeños y densos. La existencia de HD 176071 b plantea, por tanto, nuevas preguntas sobre cómo algunos mundos consiguen conservar materiales volátiles bajo condiciones tan extremas.
Su futuro tampoco parece tranquilo. Las enormes fuerzas de marea pueden ir retirando energía de su órbita y provocar que el planeta se aproxime cada vez más a la estrella. Si ese proceso continúa durante millones de años, podría acabar siendo absorbido y destruido por su propio astro.
HD 176071 b ofrece así una oportunidad excepcional para estudiar un mundo que parece vivir al límite: posiblemente rico en agua, sometido a un calor extremo, con años de apenas 14 horas y atrapado en una lenta carrera hacia su estrella.
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