La Luna podría estar guardando una historia del vecindario cósmico de la Tierra mucho más extensa de la que podemos reconstruir desde nuestro propio planeta. Su suelo conserva partículas procedentes de antiguas explosiones estelares ocurridas hace millones de años, enterradas y mezcladas entre los impactos que han golpeado continuamente su superficie.

Un equipo liderado por la científica planetaria Emily Costello, de la Universidad de Hawái en Mānoa, desarrolló ahora un modelo matemático que permite interpretar cómo esos restos interestelares se distribuyen dentro del regolito lunar.

Las supernovas dejaron material radiactivo sobre la Luna

Cuando una estrella masiva explota como supernova expulsa enormes cantidades de materia al espacio. Parte de ese material puede recorrer distancias interestelares y terminar depositándose sobre planetas y lunas.

Uno de los elementos que más interesa a los investigadores es el hierro-60, un isótopo radiactivo que prácticamente no se genera de manera natural en la Tierra actual y cuya presencia puede delatar antiguas explosiones estelares.

Estudios anteriores han identificado dos grandes pulsos de llegada de este material hace aproximadamente 2,3 y 7,3 millones de años.

Eso no significa que las estrellas explotaran cerca de la superficie terrestre o lunar, sino que sus restos terminaron alcanzando nuestro Sistema Solar después de viajar por el espacio.

La Luna guarda huellas de explosiones estelares de hace millones de años: su suelo podría reconstruir la historia del Sistema Solar
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La Luna conserva un registro que la Tierra ha perdido

En nuestro planeta también existen depósitos de estos isótopos, especialmente en sedimentos oceánicos. El problema es que la Tierra destruye constantemente parte de su propio archivo geológico.

La erosión, la tectónica de placas y la subducción alteran o eliminan las capas más antiguas.

La Luna, en cambio, carece de atmósfera significativa y de tectónica activa. Por eso, los investigadores estiman que su regolito podría conservar información de entre 80 y 100 millones de años o incluso más, frente a unos 10 millones de años que ofrecen algunos registros terrestres.

El problema es que los meteoritos llevan millones de años removiendo el suelo

La superficie lunar tampoco permanece completamente intacta.

Micrometeoritos y objetos más grandes impactan constantemente contra ella, excavando y desplazando material. Este fenómeno se conoce como “jardinería de impacto”.

Con el paso de millones de años, una partícula procedente de una supernova puede quedar enterrada, volver posteriormente a la superficie y mezclarse con materiales de otras épocas.

Por eso, encontrar hierro-60 a determinada profundidad no basta para saber cuándo llegó.

Un modelo matemático intenta ordenar el caos

Para resolverlo, Costello y su equipo desarrollaron un “modelo estocástico unificado” que reúne en una única simulación la excavación producida por impactos, la compactación del suelo, la erosión espacial y la desintegración natural de los isótopos radiactivos.

En lugar de intentar reconstruir el recorrido exacto de cada partícula, calcula estadísticamente cómo debería repartirse una señal interestelar a diferentes profundidades.

Los investigadores probaron el método utilizando muestras recogidas por las misiones Apolo y encontraron una buena concordancia entre las predicciones del modelo y las concentraciones observadas de hierro-60.

Artemis podría abrir un archivo cósmico mucho más antiguo

La próxima oportunidad llegará con nuevas misiones lunares.

Los futuros astronautas del programa Artemis podrían recuperar núcleos de regolito más profundos, donde existirían capas menos alteradas y potencialmente más antiguas.

Además del hierro-60, los científicos quieren estudiar isótopos como plutonio-244, yodo-129, hafnio-182 y curio-247, que podrían ayudar a distinguir diferentes tipos de acontecimientos astrofísicos.

Si esas señales pueden reconstruirse correctamente, la Luna dejaría de ser únicamente un registro de la historia del Sistema Solar para convertirse también en un archivo de su viaje a través de la Vía Láctea.

Bajo unos metros de polvo gris podría conservarse la huella de estrellas que explotaron millones de años antes de que existieran los seres humanos.

Fuente: Infobae.

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