Dejar de ducharse para ligar más

Las redes sociales han encontrado una nueva forma de convertir casi cualquier hábito cotidiano en una estrategia para resultar más atractivo. La última se llama “pheromone maxxing” y propone algo bastante sencillo: ducharse menos, evitar el desodorante y dejar que el olor corporal haga el resto.

La teoría sostiene que al eliminar jabones y perfumes permitimos que nuestras supuestas feromonas naturales se acumulen sobre la piel y atraigan de manera casi automática a posibles parejas.

Suena muy biológico. El problema es que la ciencia no ha demostrado que los humanos tengamos una feromona sexual capaz de provocar ese efecto.

Qué es realmente una feromona

En animales, el concepto está bastante bien definido.

Una feromona es una sustancia química liberada por un individuo que desencadena una respuesta concreta en otros miembros de la misma especie. En algunos insectos, por ejemplo, determinadas moléculas pueden provocar comportamientos reproductivos prácticamente automáticos.

Trasladar esa idea directamente a los humanos es mucho más complicado.

Durante años se ha investigado si existen moléculas capaces de modificar nuestra percepción o comportamiento sexual, pero ninguna ha demostrado funcionar como las feromonas clásicas observadas en otros animales.

Además, el órgano vomeronasal, utilizado por numerosas especies para detectar este tipo de señales, no parece desempeñar en los adultos humanos una función equivalente.

Tenemos olores, pero eso no significa que sean feromonas

Eso no quiere decir que el olor corporal sea irrelevante.

Nuestro sudor contiene compuestos que pueden influir en cómo otras personas perciben nuestro olor. También se han estudiado moléculas como la androstenediona o el estratetraenol por sus posibles efectos sobre la percepción social.

Pero los resultados han sido inconsistentes y, cuando se han encontrado efectos, suelen ser pequeños y depender mucho del contexto.

Nada parecido a la idea de que acumular sudor hará que otras personas se sientan irresistiblemente atraídas.

Las famosas camisetas sudadas

Buena parte de esta creencia procede de experimentos realizados durante los años 90.

Uno de los más conocidos pidió a varias mujeres que olieran camisetas utilizadas previamente por hombres. Los investigadores observaron cierta preferencia por olores asociados con individuos que tenían variantes diferentes de genes del complejo mayor de histocompatibilidad, conocido como MHC.

La explicación resultaba atractiva: podríamos preferir parejas con sistemas inmunitarios diferentes porque eso favorecería una mayor diversidad genética en la descendencia.

El problema es que replicar estos resultados ha resultado complicado.

La evidencia se fue debilitando

Con el paso de los años aparecieron estudios con resultados contradictorios y revisiones que cuestionaron la magnitud real del efecto.

Además, una cosa es decir que alguien prefiere ligeramente el olor de una camiseta en un experimento y otra muy distinta demostrar que ese mecanismo determina a quién elegimos como pareja en la vida real.

Las relaciones humanas están condicionadas por innumerables factores sociales, culturales, psicológicos y físicos, por lo que reducir la atracción a una combinación concreta de genes y sudor resulta demasiado simplista.

El problema de no ducharse

Y aquí el “pheromone maxxing” se encuentra con otro inconveniente.

El sudor recién producido tiene relativamente poco olor. Gran parte del característico olor corporal aparece cuando las bacterias de nuestra piel metabolizan sus componentes y generan sustancias volátiles.

Si dejamos que se acumulen durante mucho tiempo, el resultado no es necesariamente una señal sexual más potente.

Puede ser simplemente mal olor.

El jabón sigue teniendo ventaja

La evidencia actual no permite afirmar que dejar de ducharse mejore nuestras posibilidades de ligar.

No existe una feromona sexual humana identificada capaz de provocar automáticamente atracción y los estudios sobre compatibilidad olfativa tampoco justifican abandonar la higiene personal.

Nuestro olor corporal puede formar parte de cómo percibimos a otra persona, pero eso está muy lejos de demostrar que cuanto más sudor acumulemos, más atractivos resultaremos.

Así que, de momento, parece que la ducha sigue teniendo bastante más respaldo práctico que el “pheromone maxxing”.

Fuente: Muy Interesante.

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