Las pistas están escondidas en diminutos minerales
La Antártida actual está cubierta por kilómetros de hielo, pero debajo permanecen las raíces de un paisaje completamente diferente.
Un estudio publicado en Earth and Planetary Science Letters ha reconstruido parte de esa historia mediante el análisis de circones detríticos, diminutos cristales extremadamente resistentes que pueden sobrevivir durante cientos de millones de años después de erosionarse las rocas donde se formaron.
Los investigadores analizaron 1.712 granos de circón procedentes de sedimentos marinos antárticos y los compararon con miles de muestras recopiladas previamente en otras regiones del planeta. Sus edades mostraron un fuerte aumento entre aproximadamente 650 y 450 millones de años atrás, coincidiendo con el período en el que varios continentes chocaron para formar Gondwana.
La composición química de algunos de esos minerales indica además que se formaron bajo enormes presiones, características de las raíces profundas de grandes sistemas montañosos.

Un sistema de montañas a escala continental
Cuando las masas continentales que formaron Gondwana comenzaron a colisionar, la corteza terrestre se plegó y elevó, generando enormes cordilleras.
Los autores identifican varios grandes sistemas orogénicos vinculados a este proceso y sostienen que, considerados en conjunto, constituyeron posiblemente la mayor red de montañas generada durante un episodio de formación de supercontinentes.
Durante el período comprendido entre el inicio del Cámbrico y el final de su gran diversificación biológica, aproximadamente el 46 % de los circones detríticos de la base de datos global ponderada procedería de la Antártida. Entre los circones asociados a altas presiones, la proporción alcanza alrededor del 55 %.
Estas cifras sugieren que las regiones hoy ocultas bajo el hielo fueron una fuente extraordinariamente importante de sedimentos.
La erosión pudo fertilizar los océanos
La clave no estaría solo en el tamaño de aquellas montañas, sino en lo que ocurrió cuando comenzaron a erosionarse.
La lluvia, el hielo y los ríos habrían transportado grandes cantidades de sedimentos y nutrientes como fósforo y hierro hacia los océanos.
Esos elementos son esenciales para los organismos fotosintéticos. Una mayor disponibilidad de nutrientes pudo estimular la productividad de algas y microorganismos, aumentando la cantidad de materia orgánica y oxígeno producido.
Pero para que el oxígeno se acumulara en la atmósfera era necesario otro proceso: que parte del carbono orgánico producido mediante fotosíntesis quedara enterrado rápidamente antes de volver a oxidarse.
Los enormes abanicos sedimentarios generados por la erosión de Gondwana podrían haber proporcionado precisamente ese mecanismo.
Una posible conexión con la explosión cámbrica
El aumento del oxígeno atmosférico durante el final del Neoproterozoico y comienzos del Cámbrico coincide aproximadamente con la aparición y posterior diversificación de numerosos grupos animales.
Los autores plantean que la erosión de las supermontañas de Gondwana pudo contribuir a crear dos condiciones fundamentales: más nutrientes disponibles en los océanos y más oxígeno en el ambiente.
Eso habría favorecido ecosistemas más productivos y organismos capaces de desarrollar cuerpos más grandes y metabólicamente exigentes.
Sin embargo, la explosión cámbrica fue un fenómeno complejo y probablemente tuvo múltiples causas. El nuevo trabajo propone que la formación y erosión de estas enormes cordilleras fue una pieza importante del rompecabezas, no necesariamente la única explicación.
Lo sorprendente es que parte de la evidencia para reconstruir ese episodio permanece todavía hoy sepultada bajo el hielo antártico: las raíces erosionadas de montañas que desaparecieron hace cientos de millones de años, pero que pudieron contribuir a transformar para siempre la vida en la Tierra.
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