El Starship, el cohete más grande jamás construido por SpaceX, volvió a acaparar titulares en su sexta prueba. Este vuelo buscaba llevar al límite el diseño actual del cohete, y aunque se lograron ciertos avances, la prueba terminó con ambas etapas envueltas en llamas. Bajo la mirada del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, la prueba prometía mostrar el progreso de SpaceX hacia su objetivo de un cohete completamente reutilizable.

El lanzamiento fue impecable en sus primeros minutos, con los 33 motores Raptor de la etapa SuperHeavy encendidos y funcionando según lo planeado. A los 3 minutos y 40 segundos, las dos etapas se separaron correctamente. Sin embargo, los ingenieros decidieron no intentar la «caza» del SuperHeavy con los brazos robóticos de la plataforma Mechazilla, optando por un amerizaje controlado que terminó en explosión tras tocar el agua en el océano Índico.

La etapa superior, Starship, logró una trayectoria parabólica durante casi una hora. A mitad del vuelo, encendió uno de sus motores en el espacio, demostrando avances clave hacia vuelos orbitales. Sin embargo, su reentrada atmosférica, aunque visualmente espectacular, también terminó en llamas al impactar en el océano.

Pruebas anteriores: Un camino lleno de aprendizajes

SpaceX está acostumbrado a enfrentar explosiones en sus pruebas. Desde el primer vuelo integrado de Starship en abril del año pasado, cada intento ha ofrecido lecciones valiosas. Mientras que las primeras pruebas se centraron en lograr la separación de etapas, las recientes han puesto el foco en amerizajes controlados y la reutilización de componentes.

En su quinto intento, SpaceX logró que SuperHeavy fuera atrapado por los brazos robóticos, un paso crucial hacia su objetivo de reutilización total. Sin embargo, cada éxito ha venido acompañado de nuevos retos, como fugas de metano y fallos en el control de la reentrada.

Qué esperar del Starship del futuro

La próxima versión del Starship incluirá importantes modificaciones, como un nuevo escudo térmico y la eliminación de piezas no reutilizables. Este modelo será el encargado de llevar a los astronautas de la NASA a la Luna en la misión Artemis 3, prevista para 2026.

Antes de eso, SpaceX deberá demostrar que Starship puede completar misiones complejas, incluidas maniobras de alunizaje y regreso seguro. Con lanzamientos más frecuentes en los próximos años, el equipo de Elon Musk se prepara para convertir al Starship en una pieza clave para la exploración espacial.

Según Kent Chojancki, responsable del programa de Sistema de Aterrizaje Humano de la NASA, «tenemos un plan para superar cada desafío». Con esta meta en mente, SpaceX acelera hacia un futuro en el que el Starship será la herramienta principal para explorar más allá de la Tierra.

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