Actualmente, representantes de 175 países se reúnen en Busan, Corea del Sur, para negociar un tratado internacional que aborde la contaminación plástica. Aunque muchos esperan que sea legalmente vinculante, persisten dudas sobre su efectividad y la posibilidad de retrasos.
Algunos investigadores abogan por reducir la producción de plásticos no esenciales, mientras que otros países, principalmente productores de petroquímicos, prefieren centrarse en la gestión de residuos. Según Douglas McCauley, de la Universidad de California, Santa Bárbara, perder esta oportunidad de crear políticas unificadas podría atrasar los esfuerzos globales por décadas.
Mientras tanto, naciones y ciudades implementan sus propias iniciativas, demostrando qué medidas pueden funcionar mientras subrayan la necesidad de un enfoque global.
Prohibir los plásticos de un solo uso
Más de 90 países han prohibido total o parcialmente productos plásticos de un solo uso, como las bolsas. Estas políticas, cuando están bien diseñadas, son efectivas. En Estados Unidos, por ejemplo, prohibiciones en cinco estados han reducido el consumo de bolsas plásticas en aproximadamente seis mil millones al año.
Sin embargo, si no se supervisan adecuadamente, estas medidas pueden ser contraproducentes. En California, los comercios reemplazaron las bolsas plásticas finas con otras más gruesas, que los consumidores igualmente desechan, aumentando los desechos plásticos. Según McCauley, las políticas deben ser monitoreadas y ajustadas constantemente para cerrar lagunas legales.

Hacer que los productores paguen
Algunos países han introducido políticas de «responsabilidad extendida del productor», que exigen a las empresas financiar el reciclaje de sus envases plásticos. Este enfoque ha demostrado ser eficaz: en España, por ejemplo, las tasas de reciclaje de papel y plástico aumentaron de un 5% a un 81%.
Incentivos como impuestos sobre envases que no incluyan material reciclado también pueden motivar a las empresas a rediseñar sus productos. Sin embargo, estas políticas deben diseñarse con cuidado, ya que en algunos casos pueden tener efectos secundarios, como sobrecargar centros de reciclaje en lugares sin las condiciones adecuadas de seguridad.

Reducir el uso de microplásticos
Los microplásticos, provenientes de fuentes como textiles y neumáticos, representan entre el 15% y el 31% del plástico que llega a los océanos anualmente. Más de una docena de países han prohibido los microplásticos en cosméticos, lo que ha forzado a las empresas a buscar alternativas.
Francia lidera con una nueva política que exigirá filtros de microfibras en todas las lavadoras a partir de enero próximo, reduciendo hasta un 75% las fibras plásticas en las aguas residuales. Aun así, esto es solo parte de la solución; un cambio en la fabricación de textiles sería mucho más efectivo.

Como señala Richard Thompson, un tratado global es esencial para enfrentar desafíos como este y coordinar soluciones a gran escala.
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