Cada vez que se utiliza una herramienta de inteligencia artificial como ChatGPT, se requiere hasta diez veces más energía que una búsqueda en Google. En plataformas con alto volumen de uso, como asistentes virtuales o sistemas de recomendación, el impacto es aún mayor.
Los datos son contundentes: en pocos años, el consumo energético de la IA podría superar al de algunos países. ¿Por qué? Porque su demanda de electricidad proviene de tres procesos clave:
- Entrenamiento de modelos: Los algoritmos de IA avanzados necesitan grandes cantidades de energía para su desarrollo.
- Inferencia: Cada vez que un usuario interactúa con la IA, el sistema ejecuta procesos intensivos en computación.
- Almacenamiento de datos: Los servidores que albergan estos modelos operan de manera continua, generando un alto gasto energético.
Un ejemplo claro es la empresa Hugging Face, cuya herramienta de IA consumió 433 megavatios-hora (MWh) durante su entrenamiento. Esta cantidad equivale a la energía que 40 hogares de Estados Unidos utilizan en un año.
El impacto ambiental: más allá del consumo eléctrico
La IA no solo requiere grandes cantidades de electricidad, sino también recursos hídricos para evitar el sobrecalentamiento de los servidores. Durante el entrenamiento del modelo GPT-3, se utilizaron 700.000 litros de agua limpia para enfriar los sistemas.
Además, la necesidad de centros de datos sigue en aumento. Estos consumen el 40% de su energía en operación de servidores y otro 40% en refrigeración. Empresas como Google y Microsoft han visto crecer sus emisiones de carbono de manera significativa en los últimos años:
- Google aumentó sus emisiones en un 48% en los últimos cinco años debido a la expansión de la IA.
- Microsoft registró un incremento del 30% en 2023 respecto a 2020.
Cifras alarmantes: la IA frente a la demanda energética global

Según la Agencia Internacional de Energía (AIE), en 2022 los centros de datos de IA y la industria de las criptomonedas consumieron 460 teravatios-hora (TWh) de electricidad, lo que equivale al 2% de la producción mundial total.
Se estima que esta cifra podría duplicarse para 2026, alcanzando 1.000 TWh, lo mismo que el consumo eléctrico de Japón.
Algunos ejemplos permiten dimensionar el problema:
- Google, con 9.000 millones de búsquedas diarias, necesitaría 29,2 TWh de energía al año si cada una de estas búsquedas usara IA. Esta cantidad equivale al consumo anual de Irlanda.
- Nvidia, la empresa líder en hardware para IA, podría consumir entre 85,4 y 134 TWh anuales si todos sus servidores operaran a máxima capacidad, similar a la demanda energética de Argentina.
¿Qué se está haciendo para reducir el impacto?
El problema es claro: la IA depende de enormes cantidades de energía, y si esta proviene de combustibles fósiles, su impacto ambiental es aún mayor.
Para mitigar este efecto, algunas empresas han anunciado compromisos en favor de la sostenibilidad:
- Google y Microsoft planean alcanzar cero emisiones de carbono para 2030.
- Amazon Web Services (AWS) se fijó el mismo objetivo para 2040.
Sin embargo, estos compromisos fueron anunciados antes del auge de la IA, y aún está por verse si podrán cumplirlos con el aumento exponencial de su demanda energética.
El avance de la inteligencia artificial es imparable, pero su impacto ambiental es una preocupación creciente. ¿Podrá la industria tecnológica encontrar soluciones antes de que el problema sea insostenible?
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