El poder del deporte para cambiar vidas ha sido explorado en numerosas ocasiones, pero pocas veces con un impacto tan profundo como el que logró Eduardo “Coco” Oderigo. Esta serie de Disney+ narra cómo un abogado penalista llevó el rugby a las cárceles argentinas y logró reducir drásticamente la reincidencia de los reclusos. Lo que comenzó como una simple visita terminó convirtiéndose en un movimiento social con consecuencias reales y esperanzadoras.
El inicio de un cambio inesperado
En 2009, Eduardo “Coco” Oderigo llevaba una vida estable. Abogado penalista, con una familia vinculada a la Justicia y entrenador de rugby en el San Isidro Club, nunca imaginó que su primera visita a la Unidad 48 del penal de San Martín cambiaría su rumbo. Sin prejuicios, pero sin demasiadas expectativas, ingresó al penal y salió con una idea que desafiaba las normas establecidas: enseñarles a los presos a jugar rugby.
A pesar de las advertencias de que el rugby era un deporte violento y que no tenía cabida en un entorno ya marcado por la agresión, Oderigo persistió. Logró convencer a las autoridades penitenciarias de realizar un primer entrenamiento, y con el tiempo, este experimento se convirtió en algo mucho más grande. En 2016, nació la Fundación Espartanos, un programa de reinserción social que logró reducir la tasa de reincidencia del 65% al 5%.
Espartanos llega a la pantalla
Ahora, esta historia cobra vida en una serie de Disney+ titulada Espartanos, una historia real, con Guillermo Pfening en el papel de Oderigo. Con ocho episodios de 35 minutos, la producción cuenta con la participación de exjugadores de Los Pumas como Juan Leguizamón y Javier Ortega Desio. A través de su narrativa, la serie expone las dificultades, los prejuicios y los desafíos que enfrentó Oderigo para llevar adelante su misión.
Guillermo Pfening, quien da vida a Oderigo en la serie, admite que el rodaje lo transformó. «Nunca jugué rugby, vengo del tenis. Tenía prejuicios sobre el deporte y esta experiencia me permitió comprender su verdadera esencia», confiesa el actor. La producción se filmó en un entorno carcelario real, lo que permitió que el elenco y el equipo se sumergieran en la compleja dinámica de la prisión.

Rompiendo barreras dentro y fuera de la cárcel
Cuando Oderigo ingresó por primera vez al penal con una pelota de rugby, encontró resistencia en todos los frentes: internos, guardias, funcionarios y hasta en su propio círculo social. Sin embargo, su esposa, Male, fue un pilar fundamental en el proceso, brindando apoyo y aportando una perspectiva clave para conectar con los reclusos.
La serie también pone en cuestión el concepto de reinserción y los prejuicios que existen sobre los presos. «Incomoda, pero en el buen sentido», explica Oderigo. «Plantea preguntas difíciles sobre el sistema penitenciario y la falta de oportunidades para quienes están privados de su libertad».
Pfening coincide: «Darle una segunda oportunidad a quienes no la tuvieron es algo que muchos rechazan, pero el proyecto de Coco demuestra que es posible reconstruir vidas. Espartanos muestra cómo el rugby se convirtió en una herramienta de cambio y esperanza dentro de un sistema que rara vez ofrece segundas oportunidades».

La realidad detrás de la ficción
A pesar de que la serie está basada en hechos reales, la filmación dentro del penal impuso ciertas restricciones. Los actores y el equipo de producción debieron adaptarse a las reglas de seguridad, incluyendo normas de vestimenta y limitaciones en la interacción con los internos. Sin embargo, Pfening tuvo la oportunidad de asistir a entrenamientos con los Espartanos reales, lo que le permitió conocer más de cerca la esencia del proyecto.
El debate sobre la naturaleza del bien y el mal también atraviesa la serie. «Las circunstancias moldean a las personas», reflexiona Pfening. «Si naces en un entorno de carencias, escapar de esa realidad es muy difícil. La serie nos invita a cuestionarnos qué habría sido de nuestras vidas si hubiésemos nacido en otro contexto».
Oderigo, por su parte, plantea una metáfora contundente: «Un voluntario de Espartanos decía que la vida es como una vía de tren. Algunos nacemos de un lado y otros del otro. La pregunta es: ¿qué hicimos nosotros para nacer de un lado y no del otro?».
Más allá del rugby
A lo largo de la serie, se explora cómo el rugby funciona como un puente entre mundos aparentemente opuestos. «El rugby no es el problema, sino parte de la solución», asegura Oderigo. «Los Espartanos eran considerados los más violentos de la sociedad antes de jugar. En la cárcel aprendieron disciplina, respeto y compañerismo, y los niveles de violencia en el penal bajaron notablemente».
Agustín Pichot, excapitán de Los Pumas y presidente de PEGSA, la productora detrás de la serie, destaca la importancia de este proyecto. «Conocí a Coco en 2009 y desde entonces supe que su historia merecía ser contada. Espartanos no solo muestra su trabajo, sino que también inspira a que más personas se sumen a iniciativas que generan un impacto real».
La serie no pretende romantizar la delincuencia ni la prisión, sino abrir un espacio de reflexión sobre las oportunidades, los prejuicios y el poder del deporte para transformar vidas. Espartanos llega a Disney+ el 19 de febrero con la intención de desafiar miradas y provocar cambios, tanto en la pantalla como en la realidad.
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