La tierra tiembla bajo el océano, y lo que sigue puede ser más peligroso que el sismo mismo. Los tsunamis no solo arrasan costas enteras, sino que lo hacen con una fuerza y velocidad que desconcierta a expertos. A raíz del reciente temblor en el sur de Chile, resurgen preguntas cruciales: ¿cómo se originan, por qué duran tanto las alertas y estamos realmente preparados?

Tsunami
Magda Ehlers

El sismo que encendió todas las alarmas

Este fenómeno natural volvió a poner en vilo a la región cuando, a las 8:58 de la mañana, un fuerte terremoto de magnitud 7.4 sacudió el sur de Chile, cerca de Puerto Williams. La profundidad fue de 21 kilómetros, y su epicentro se ubicó en el mar, lo que encendió automáticamente las alarmas de tsunami en la costa del Pacífico y también en parte del sur argentino.

La alerta se mantuvo activa durante varias horas, pese a que el mar se mantuvo aparentemente en calma. La razón detrás de esta medida prolongada tiene que ver con la imprevisibilidad de las olas que se generan tras un terremoto submarino. Un tsunami no es un evento instantáneo ni evidente. A veces la primera ola no es la más grande, y otras veces ni siquiera llega con forma de ola.

Qué es realmente un tsunami (y qué no)

A diferencia de las olas normales que se ven en la playa, un tsunami es una serie de olas de enorme energía que pueden recorrer miles de kilómetros a velocidades de hasta 800 o 1000 km/h. Pueden parecer pequeñas al principio, pero a medida que se acercan a la costa, ganan altura y fuerza, lo que puede desencadenar inundaciones masivas y destrucción total.

“El tsunami puede llegar en una serie de olas, no necesariamente con una gran altura inicial. La más destructiva puede aparecer incluso horas después del sismo”, explicó el geólogo Andrés Folguera, del Conicet. Esto explica por qué las alertas no se levantan inmediatamente después del terremoto: el peligro aún puede estar en camino, oculto bajo la superficie.

Tsunami
GEORGE DESIPRIS

Qué tan vulnerables estamos realmente

Chile, ubicado en el llamado “Cinturón de Fuego del Pacífico”, vive con el riesgo constante de sismos y tsunamis. Con más de 4000 kilómetros de costa y una actividad sísmica permanente, las autoridades han desarrollado protocolos de respuesta eficaces y rápidos. La reciente evacuación en Puerto Williams, donde se trasladó a la población a zonas elevadas, muestra la importancia de estar preparados.

Sin embargo, la respuesta del lado argentino dejó mucho que desear. “No hubo reacción oficial del gobierno nacional ni de la provincia. No existe un protocolo de alerta de tsunami que se cumpla”, advirtió Folguera. Este contraste evidencia una preocupante falta de preparación en algunos países que también están en riesgo, especialmente por la existencia de placas de subducción bajo el Atlántico Sur que podrían afectar nuestras costas.

Por qué una alerta puede durar horas

Las olas de un tsunami no siguen reglas fijas. Pueden variar en tamaño, intensidad y tiempo de llegada. Incluso si no se observa actividad inmediata, las autoridades deben mantener las alertas activas hasta estar completamente seguras de que no se producirá una ola significativa.

“Después del terremoto de 2010 en Chile, se canceló la alerta y horas después llegó una ola que causó muertes”, recordó la geóloga Silvana Spagnotto. Este tipo de antecedentes obliga a los organismos responsables a actuar con máxima precaución.

La decisión de prolongar una alerta puede parecer exagerada para el público, pero es una medida preventiva que salva vidas. En estos casos, evacuar a zonas elevadas —al menos 10 metros por encima del nivel del mar— es fundamental, sin importar la distancia horizontal desde la costa.

Tsunami
Mikhail nilov

Lo que deberíamos aprender de este caso

Los tsunamis son raros, pero sus efectos pueden ser catastróficos. Las inundaciones repentinas, el arrastre de edificios y la pérdida de vidas humanas son consecuencias comunes. Por eso, la educación ciudadana, el monitoreo constante y las alertas tempranas son pilares clave para evitar tragedias mayores.

Chile ha demostrado con creces su capacidad de respuesta. Sin embargo, países vecinos aún tienen mucho que mejorar. La falsa sensación de seguridad es, en sí misma, una amenaza. Los tsunamis no avisan con tiempo, pero nosotros sí podemos estar listos.

La reciente emergencia no solo activó sirenas y protocolos: también debería encender nuestra conciencia colectiva sobre la fragilidad de nuestras costas frente a estos monstruos invisibles del mar.

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