Doom ha forjado su leyenda con adrenalina pura y violencia sin pausa. Sin embargo, Doom: The Dark Ages está tomando un rumbo inesperado, alejándose del frenesí ciego para apostar por algo más táctico. ¿El motivo? Un viejo enemigo que generó tanto odio como admiración ha dejado su huella en esta oscura precuela, y el resultado está causando un gran revuelo entre los jugadores.

El regreso de una mecánica que desafió a todos
En Doom Eternal, el Acechador (Marauder) no solo fue uno de los enemigos más desafiantes, también fue uno de los más polémicos. Su capacidad para bloquear ataques y forzar al jugador a pensar tácticamente rompía con la acción directa a la que Doom nos tenía acostumbrados. Para muchos, su aparición significaba un freno a la adrenalina; para otros, una oportunidad para demostrar verdadera habilidad.
Ahora, The Dark Ages recupera ese enfoque estratégico. El nuevo sistema de combate incorpora elementos inspirados directamente en el Acechador, especialmente el parry o contraataque. Esta mecánica exige precisión y sincronización para sobrevivir. Ya no basta con disparar a lo loco: ahora hay que observar, anticipar y reaccionar en el momento justo.
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Ver todas las ofertas →Aunque la inspiración en el Acechador no es literal —el enemigo como tal no regresa—, su legado se siente en la forma en que el jugador debe encarar cada enfrentamiento. No es simplemente matar o morir, es dominar el campo de batalla con inteligencia y reflejos.

Nuevas armas, nueva mentalidad
El cambio de filosofía no llega solo. Doom: The Dark Ages presenta un arsenal más medieval, brutal y táctico. El escudo-sierra, por ejemplo, no solo sirve como defensa, sino como herramienta de ataque calculado. El mangual añade un componente de alcance y control del espacio nunca antes visto en la saga.
Estas herramientas no solo aportan variedad visual: cambian la forma en que los jugadores se enfrentan a las hordas demoníacas. Ahora es clave estudiar a los enemigos y decidir cuándo bloquear, atacar o reposicionarse. La brutalidad sigue presente, pero viene acompañada de una estrategia más marcada que en entregas anteriores.
Combinado con una estética más oscura y gótica, The Dark Ages no solo cambia cómo se juega Doom, sino cómo se siente. La ambientación medieval complementa perfectamente este enfoque más metódico, casi caballeresco, del combate.

Una comunidad dividida y un futuro incierto
La recepción de estos cambios ha sido, como era de esperarse, mixta. Algunos jugadores celebran que Doom se atreva a evolucionar, a salir de su zona de confort y ofrecer una experiencia más desafiante. Para ellos, el combate contra enemigos tipo Acechador representa lo mejor de la franquicia: habilidad, tensión y recompensa.
Otros, sin embargo, lamentan que se pierda parte de la esencia que convirtió a Doom en un fenómeno: la sensación de poder imparable, de aniquilar demonios sin pensarlo demasiado. Para estos fans, el parry y el combate técnico ralentizan una experiencia que debería ser pura velocidad y violencia.
Sea como sea, Doom: The Dark Ages ha logrado algo muy importante: poner a la comunidad a debatir, a repensar qué es Doom y hacia dónde puede ir. No todos estarán de acuerdo con esta evolución, pero nadie puede negar que id Software ha apostado fuerte por una reinvención con identidad propia.
Lo que ocurra después dependerá de cómo responda el público, pero si algo está claro es que el futuro de Doom no será aburrido.
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Franco Del Valle lidera la información sobre videojuegos en Oasis Nerd. Formado en la escuela de los RPG clásicos y los primeros grandes mundos compartidos, hoy sigue de cerca el pulso de un sector en constante cambio. Su mirada mezcla la nostalgia justa del veterano con el análisis agudo de quien entiende hacia dónde se dirigen las nuevas experiencias de juego.






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