Comer saludable es una de las grandes preocupaciones de nuestro tiempo. Sin embargo, un estudio reciente revela un efecto secundario inesperado: estamos tirando más comida por el simple hecho de pensar que lo sano caduca antes. Esta percepción errónea, basada en intuiciones equivocadas, tiene un alto costo ambiental y económico.
La heurística de salud: un prejuicio que pesa
Según un estudio internacional publicado en Journal of Marketing Research, más de 3.500 personas de distintos países cayeron en la misma trampa: creyeron que los alimentos más saludables caducaban antes. Esta «heurística de salud» se basa en una suposición automática que asocia lo sano con lo perecedero.

La investigación incluyó pruebas con productos como yogures, barritas y cereales. ¿El resultado? Casi todos los participantes clasificaron los alimentos “más saludables” como los que se echarían a perder más rápido. La explicación, según la autora Jeehye Christine Kim, radica en que trasladamos lo que sabemos de frutas y verduras frescas —que realmente se estropean rápido— a otros productos que, en realidad, duran mucho más.
El miedo a equivocarse: el «por si acaso» que cuesta caro
Más allá de una simple percepción, esta creencia tiene consecuencias directas. Los consumidores fueron más propensos a desechar alimentos saludables cuando se acercaban a su fecha de caducidad, aunque estuvieran en perfecto estado. En cambio, eran más indulgentes con los productos ultraprocesados.
Esto se debe en parte al miedo a equivocarse. Muchas personas no saben distinguir entre una «fecha de caducidad» (que indica cuándo un producto puede volverse inseguro) y una de «consumo preferente» (que solo señala una posible pérdida de calidad). Ante la duda, prefieren tirar el alimento “por si acaso”. Pero ese «por si acaso» está alimentando toneladas de desperdicio.
Una solución urgente: cambiar el etiquetado y educar
La confusión sobre las etiquetas es uno de los mayores desafíos. Por eso, los autores del estudio insisten en que tanto gobiernos como fabricantes deben actuar. Brent McFerran, coautor del estudio, afirma que muchos alimentos en perfectas condiciones terminan en la basura simplemente por malinterpretar una fecha impresa.

La EFSA ya promueve campañas para aclarar la diferencia entre “caducidad” y “consumo preferente”, e impulsa a las marcas a mejorar la legibilidad y precisión de sus etiquetas.
Elegir sano también es cuidar lo que no se desperdicia
Elegir alimentos saludables no debería implicar tirar más comida. Pero mientras no sepamos interpretar las etiquetas —ni cuestionar nuestras propias creencias— seguiremos desperdiciando recursos valiosos.
Entender mejor los plazos reales de los productos y fomentar una cultura alimentaria más informada puede ayudar tanto a nuestra salud como al planeta. Comer bien también es aprender a conservar mejor.
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