The Precinct no es solo un videojuego; es un viaje a una época donde los coches rechinaban por las esquinas, los villanos eran caricaturescos y los policías tenían más agallas que reglas. Fallen Tree Games propone una experiencia que mezcla acción, misterio y una jugabilidad meticulosamente estructurada, pero no exenta de defectos. Ponte el uniforme, sube al patrullero y prepárate: patrullar Averno City es una experiencia tan intensa como impredecible.

Patrullando entre la nostalgia y el caos
The Precinct parte de una premisa tan sencilla como atrapante: encarnar a Nick Cordell Jr., un joven oficial de policía en su primer día dentro de una fuerza corroída por la corrupción. El escenario, Averno City, parece haber salido de un cruce entre División Miami y The Wire, con una estética visual que bebe directamente de las producciones ochenteras.
El juego mezcla elementos de simulación policial con mecánicas arcade, invitándonos a emitir multas, detener sospechosos, investigar delitos y, sobre todo, recorrer la ciudad en frenéticas persecuciones. Todo está diseñado para evocar la sensación de estar dentro de una clásica serie televisiva, donde el deber y la adrenalina van de la mano. Sin embargo, lo que empieza siendo prometedor, poco a poco comienza a mostrar señales de desgaste por la excesiva repetición.
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Ver todas las ofertas →Rutina policial: entre simulador y videojuego
Cada jornada se estructura por turnos, durante los cuales debemos cumplir tareas asignadas por la central. Desde poner una multa correctamente hasta leer los derechos al detener un sospechoso, el juego ofrece un nivel de detalle que lo acerca a un simulador policial. Incluso contamos con una libreta de procedimientos, que actúa como guía de actuación ante cada escenario.
Este enfoque meticuloso otorga profundidad, pero también una sensación de rutina. La falta de consecuencias reales ante errores graves, como atropellar a peatones o usar fuerza letal sin justificación, reduce la tensión narrativa. Aunque se agradecen mecánicas que buscan realismo, la ejecución no siempre logra mantener la inmersión.

Un misterio familiar y bandas criminales
Más allá de las labores cotidianas, The Precinct introduce una narrativa principal: descubrir quién asesinó al padre del protagonista, un héroe caído en servicio. Este hilo conductor se entrelaza con una guerra entre bandas criminales, a las que debemos desmantelar desde abajo, recogiendo evidencias y capturando matones.
Sin embargo, el avance en esta historia principal está condicionado por la aleatoriedad con la que aparecen las pruebas, lo que ralentiza la progresión y hace que muchas tareas parezcan un relleno interminable. El ritmo se resiente, y lo que podría haber sido una investigación apasionante termina diluyéndose en el tedio.
Persecuciones espectaculares, conducción frustrante
Donde The Precinct brilla es en las persecuciones. Los criminales escapan por callejones llenos de obstáculos y debemos usar refuerzos, apoyo aéreo, e incluso requisar vehículos civiles para seguir con la cacería. Es un espectáculo de caos urbano digno del cine de acción ochentero.
No obstante, este punto fuerte se ve empañado por un sistema de conducción poco pulido. Los vehículos se sienten inestables, con físicas que parecen ignorar la fricción o el peso, lo que termina provocando más accidentes que detenciones. La frustración aumenta especialmente al manejar coches rápidos, cuya maniobrabilidad deja mucho que desear.
Tiros, moral difusa y un arsenal desproporcionado
El combate armado aparece en momentos puntuales, pero su ejecución es torpe. Las coberturas funcionan mal y el apuntado se siente poco preciso, haciendo que los tiroteos sean más molestia que clímax. Aun así, el juego recompensa al jugador con un arsenal digno de un ejército, que desentona con la idea de ser un policía respetuoso de la ley.
Este contraste entre deber moral y poder destructivo genera una ambigüedad extraña: ¿somos un agente de la justicia o un justiciero con placa? The Precinct no parece decidido a responderlo, dejando esa tensión ética flotando en el aire.

Estética lograda y un homenaje que se queda corto
Visualmente, Averno City tiene encanto. Sus luces de neón, callejones sombríos y detalles urbanos recrean con éxito el ambiente policial retro. De noche, la atmósfera gana enteros, sumergiéndonos en una ciudad peligrosa y vibrante. A nivel sonoro, destaca la música estilo synthwave, aunque las voces y diálogos caen en estereotipos y actuaciones irregulares.
Fallen Tree Games logra rendir homenaje a una época dorada del entretenimiento policial, pero se queda corto en pulido, variedad y profundidad narrativa. La experiencia, aunque entretenida por momentos, termina siendo una sucesión de misiones recicladas que pierden fuerza con el tiempo.
Veredicto final: luces y sombras en las calles de Averno
The Precinct es una propuesta ambiciosa, pero limitada. Su estética ochentera y sus persecuciones emocionantes lo salvan del olvido, aunque sus mecánicas repetitivas, su conducción torpe y su progresión desbalanceada impiden que alcance su verdadero potencial. No es un mal juego, pero tampoco el gran homenaje que podría haber sido.
Aun así, si creciste con las series policiales de antaño y siempre soñaste con patrullar una ciudad al borde del colapso, quizás encuentres en Averno City una excusa para volver a encender la sirena… al menos por unas cuantas horas.
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Franco Del Valle lidera la información sobre videojuegos en Oasis Nerd. Formado en la escuela de los RPG clásicos y los primeros grandes mundos compartidos, hoy sigue de cerca el pulso de un sector en constante cambio. Su mirada mezcla la nostalgia justa del veterano con el análisis agudo de quien entiende hacia dónde se dirigen las nuevas experiencias de juego.






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