Las olas de frío extremo no solo modifican nuestras rutinas: también pueden comprometer la salud si no sabemos cómo protegernos. Hipotermia, congelación y pérdida de calor corporal son riesgos reales ante temperaturas inusuales. Por eso, saber cómo vestirse correctamente puede marcar la diferencia entre una jornada segura y una peligrosa.
La ciencia detrás del frío: cómo afecta al cuerpo
Las temperaturas muy bajas pueden desencadenar condiciones graves como la hipotermia y la congelación. La primera aparece cuando la temperatura corporal cae por debajo del nivel normal, generando confusión, somnolencia, dificultad para hablar y escalofríos. La congelación, por su parte, afecta especialmente a extremidades expuestas como dedos, orejas o nariz, donde la piel puede volverse pálida y rígida.

Grupos como personas mayores, bebés o quienes padecen enfermedades crónicas corren mayor riesgo. También quienes no pueden calefaccionar adecuadamente sus viviendas.
Vestirse en capas: el sistema más eficaz contra el frío
Expertos y organismos como la Cruz Roja Británica coinciden: la clave es el uso de capas. Este sistema permite regular el calor corporal según las condiciones del entorno.
- Primera capa: ropa térmica que mantenga la piel seca.
- Segunda capa: aislante, como lana o polar, para conservar el calor.
- Tercera capa: exterior, impermeable y resistente al viento para proteger del clima.
Esta combinación crea un microclima corporal eficiente y adaptable.
Cabeza, manos y pies: los puntos que más calor pierden
Un error común es dejar estas zonas desprotegidas. Investigaciones canadienses muestran que hasta un 10% del calor corporal se pierde por la cabeza. Por eso, usar gorro, bufanda, guantes térmicos, medias gruesas y calzado impermeable no es opcional: es fundamental.
En interiores, se recomienda usar pantuflas, mantenerse activo y recurrir a bolsas de agua caliente para conservar la temperatura en extremidades.

Elegir los materiales adecuados (y evitar los que enfrían)
Las fibras sintéticas como el poliéster o el nylon son ideales para mantener el calor y expulsar la humedad. La lana también es eficaz, mientras que el algodón no se recomienda como capa base, ya que retiene sudor y enfría el cuerpo. Además, las prendas impermeables ayudan a evitar pérdidas térmicas por humedad exterior.
Qué hacer en casa y al dormir para no perder calor
No basta con abrigarse fuera: también hay que preparar el hogar. Mantas de polar, ropa de cama térmica, pijamas adecuados y evitar corrientes de aire marcan la diferencia por la noche. Dormir con medias o mantas pesadas puede mejorar el descanso y la temperatura corporal.
Burletes en ventanas, aislamiento de cañerías y revisar estufas o chimeneas son acciones clave. Además, instalar detectores de monóxido de carbono es esencial para evitar intoxicaciones durante la calefacción.
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