Cada vez más familias se enfrentan a desafíos relacionados con la salud mental infantil. Frente al uso extendido de medicamentos, un nuevo enfoque cobra fuerza: el ejercicio. Investigadores han reunido pruebas sólidas que muestran cómo la actividad física puede aliviar síntomas de ansiedad y depresión en menores, ofreciendo una vía esperanzadora y libre de efectos secundarios.
El poder del movimiento en la salud mental
Un análisis reciente, publicado en la Journal of the American Academy of Child & Adolescent Psychiatry, confirma que el ejercicio tiene efectos positivos en el estado de ánimo de niños y adolescentes. La revisión abarca 375 ensayos clínicos con más de 38.000 participantes entre 5 y 18 años, y muestra cómo diferentes tipos de ejercicio impactan directamente sobre la ansiedad y la depresión.

Los resultados son prometedores: la ansiedad se redujo especialmente con rutinas de resistencia de baja intensidad, como levantar pesas ligeras o usar máquinas de fuerza suaves. En cambio, la depresión mostró una mayor mejora con entrenamientos que combinan ejercicios aeróbicos y de fuerza, siempre a una intensidad moderada.
Además, los beneficios pueden notarse en poco tiempo. Los programas con una duración inferior a tres meses lograron las mejoras más notables en los síntomas depresivos.
Alternativa a los fármacos y sin efectos secundarios
El investigador principal, Ben Singh, de la Universidad de Australia del Sur, subraya que esta estrategia accesible y de bajo coste puede sustituir o complementar tratamientos con medicamentos como los antidepresivos, especialmente en casos leves o moderados.
También se observó que los menores con depresión o TDAH fueron quienes más se beneficiaron del ejercicio, incluso con sesiones breves. Según la investigadora Carol Maher, “incluso ráfagas cortas de actividad pueden marcar una gran diferencia en el bienestar de un niño”.

Actividad física sin complicaciones
El estudio derriba el mito de que los niños deben ir al gimnasio o entrenar a diario. No hubo diferencias entre quienes se ejercitaban una a tres veces por semana y quienes lo hacían con más frecuencia. Tampoco importó si las sesiones eran cortas o largas.
Los investigadores recomiendan incorporar el movimiento como una herramienta básica en escuelas, comunidades y entornos clínicos. Juegos, deportes y actividades lúdicas son tan válidas como un entrenamiento estructurado para promover el bienestar psicológico.
Una solución al alcance de todos
Para las familias, esto supone una buena noticia: no hace falta invertir en costosos programas o equipamiento. Lo esencial es fomentar la actividad y mantenerla en el tiempo. En palabras de los expertos, el mensaje es claro: moverse es sanar.
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