Con la llegada de las bajas temperaturas, aumentan también los riesgos en el interior del hogar. Este invierno, el monóxido de carbono vuelve a colocarse en el centro de las alertas sanitarias. Invisible, indetectable sin dispositivos, y mortal en pocos minutos, este gas tóxico ya ha provocado cientos de intoxicaciones. Descubrí por qué se produce, cómo actúa y qué hacer para protegerte.
Un invierno con cifras alarmantes
El primer semestre de 2025 cerró con 473 casos confirmados de intoxicación por monóxido de carbono en Argentina. La cifra representa un aumento del 57 % respecto al promedio registrado entre 2020 y 2024. El informe del Boletín Epidemiológico Nacional expone una tendencia preocupante que se repite cada invierno.
En un contexto económico adverso, muchas personas recurren a calefactores antiguos, mal instalados o sin mantenimiento. A esto se suma el uso de hornallas o braseros en habitaciones cerradas, sin ventilación adecuada. El resultado: un cóctel perfecto para la tragedia.

En lo que va del año ya se notificaron muertes en distintas provincias. Solo en Villa Devoto, cinco personas fallecieron por inhalación del gas en una misma jornada. El frío aprieta y las decisiones desesperadas se vuelven letales.
¿Por qué es tan peligroso el monóxido?
El monóxido de carbono (CO) es un gas que se produce cuando hay una combustión incompleta de materiales como gas, madera o carbón. Al no tener color, olor ni sabor, es prácticamente imposible de detectar sin dispositivos especializados.
Según la doctora Paola Caro, médica toxicóloga, este “asesino invisible” bloquea la capacidad de la sangre para transportar oxígeno, afectando especialmente al cerebro y el corazón. Los síntomas iniciales —dolor de cabeza, náuseas, mareos— pueden confundirse fácilmente con otras afecciones, lo que retrasa la atención médica.
Si no se actúa con rapidez, la intoxicación puede derivar en pérdida de conciencia, convulsiones, coma o incluso la muerte. Las mascotas, por su metabolismo más rápido, suelen mostrar síntomas antes que las personas.
Cómo identificar una fuga y actuar a tiempo
El doctor Gabriel Arcidiacono, jefe de Toxicología del Hospital de Clínicas, advierte que ante la mínima sospecha se debe abandonar el ambiente cerrado, ventilar el lugar y acudir a urgencias. En casos graves, puede ser necesario usar oxígeno puro o terapia hiperbárica.
Hay señales visibles que pueden alertar de una posible fuga: la llama de color amarillo en hornallas, manchas de hollín en estufas, y decoloración en conductos. Además, se recomienda no dormir con estufas encendidas y evitar el uso de hornallas para calefaccionar.

Claves para una prevención efectiva
La forma más segura de evitar intoxicaciones es mantener los artefactos revisados por gasistas matriculados al menos una vez al año. Las rejillas de ventilación no deben taparse nunca, y siempre hay que asegurar la circulación del aire en los ambientes.
Los detectores de monóxido son dispositivos simples, accesibles y eficaces. Emiten una alarma sonora cuando el gas alcanza niveles peligrosos. Pese a su utilidad, su uso aún es escaso en muchos hogares, sobre todo en los sectores más vulnerables.
Finalmente, si se detecta un caso de intoxicación, se debe alertar a los vecinos. El gas puede filtrarse por cañerías y estructuras, afectando a otras personas aunque no usen calefacción en ese momento.
El aumento sostenido de casos muestra que el conocimiento y la prevención son vitales. Frente a un enemigo invisible, actuar con anticipación es la mejor defensa. Porque cuando el monóxido entra en escena, solo una respuesta rápida puede evitar la tragedia.
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