La inteligencia artificial se ha convertido en la gran apuesta de corporaciones en todo el mundo. Sin embargo, mientras los discursos prometen transformaciones inmediatas, la realidad empresarial revela un panorama mucho más lento y lleno de matices. El contraste entre inversión y resultados plantea una pregunta inevitable: ¿cuándo llegará el verdadero impacto de esta tecnología?

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Una paradoja que inquieta a las empresas

El crecimiento de la inversión en inteligencia artificial ha sido descomunal. Según IDC, la inversión corporativa en IA generativa alcanzó los 61.900 millones de dólares en 2024, lo que representa un salto del 94% respecto al año anterior. Aun así, muchas empresas se muestran desconcertadas: la productividad y la eficiencia prometidas siguen sin materializarse en sus balances.

Este escenario recuerda a la llamada “paradoja de la productividad” de los años ochenta, cuando las computadoras personales irrumpieron en el mundo corporativo sin producir de inmediato los cambios esperados. Hoy ocurre algo similar con la IA generativa, que pese a estar presente en ocho de cada diez compañías según McKinsey & Company, no ha logrado transformar de raíz la contabilidad, la atención al cliente o la gestión administrativa.

De hecho, un 42% de las empresas abandonó la mayoría de sus proyectos piloto de IA en 2024, un salto preocupante frente al 17% del año anterior. Para Alexander Johnston, analista de S&P Global, los problemas no son solo técnicos: la resistencia de empleados y clientes, junto a la falta de habilidades especializadas, se han convertido en un freno importante.

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Entre el entusiasmo y la desilusión

Firmas de análisis como Gartner aseguran que la inteligencia artificial atraviesa lo que llaman “el punto más bajo de la desilusión”. Este ciclo, ya visto con tecnologías previas como internet, suele preceder a una etapa de consolidación, cuando los beneficios reales comienzan a ser palpables tras un periodo de ajustes.

Por ahora, los principales beneficiados de esta ola de inversión son los gigantes tecnológicos. Microsoft, Amazon y Google lideran en software de IA, mientras que Nvidia domina el mercado de chips especializados. Sus ejecutivos reconocen que la tecnología ya está transformando ciertos puestos de trabajo: algunas tareas de programación básica han desaparecido, mientras otras áreas ganan en eficiencia.

A pesar de ello, los clientes aún muestran reticencias a depender exclusivamente de máquinas. Un caso ilustrativo es el de USAA, empresa de seguros y servicios bancarios, que incorporó un asistente de IA para ayudar a sus 16.000 empleados de atención al cliente. La herramienta fue bien recibida, pero no ha reemplazado el valor que los clientes otorgan a una voz humana en llamadas que alcanzan las 200.000 diarias.

Primeros pasos hacia una integración real

Algunos sectores comienzan a mostrar avances concretos en la integración de la inteligencia artificial. JPMorgan Chase, por ejemplo, pasó de restringir el uso de ChatGPT a desplegar un asistente personalizado para casi 200.000 empleados. Esta herramienta ayuda en tareas de consulta de datos, elaboración de informes y recuperación de información, ahorrando hasta cuatro horas semanales a quienes la utilizan regularmente.

Este tipo de casos sugieren que el impacto de la IA en las empresas será gradual más que inmediato. Se trata de un camino en construcción, donde el aprendizaje, la adaptación humana y la maduración tecnológica serán determinantes para definir si esta apuesta multimillonaria cumplirá finalmente con las expectativas que ha generado en todo el mundo corporativo.

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