Un país sin televisión los jueves
Entre 1966 y 1987, la televisión pública islandesa, RÚV, mantenía los jueves como un día de descanso. Durante esas dos décadas, el canal estatal decidió no emitir programas ni noticieros.
La decisión tenía una doble motivación. Por un lado, fomentar la vida social y familiar: el gobierno quería que la población dedicara tiempo a leer, conversar o salir al aire libre en lugar de permanecer frente a la pantalla. Por otro, existían razones prácticas y presupuestarias: RÚV contaba con poco personal y recursos limitados, por lo que dejar un día sin emisión permitía reducir costos y otorgar descanso al equipo técnico.
Además, las autoridades buscaban proteger la identidad cultural islandesa, en un contexto donde las señales extranjeras —especialmente la emitida por la base militar estadounidense de Keflavík— ya influían en los contenidos y hábitos locales.
El día que Islandia volvió a tener televisión
El apagón de los jueves se mantuvo hasta mediados de los años 80. La primera excepción ocurrió en 1986, cuando RÚV decidió transmitir la histórica cumbre entre Ronald Reagan y Mijaíl Gorbachov en Reikiavik.
Ese mismo año, la aparición de un canal privado, Stöð 2, que transmitía los siete días de la semana, marcó el fin del monopolio televisivo estatal. Finalmente, en octubre de 1987, RÚV comenzó a emitir los jueves, cerrando una etapa singular de la historia mediática islandesa.

El mito del “baby boom” de los jueves
Con el paso de los años, surgió una leyenda que aún provoca sonrisas en Islandia: el “baby boom de los jueves”.
Según la historia popular, al no tener televisión, las parejas pasaban más tiempo juntas, lo que habría incrementado los nacimientos nueve meses después. Sin embargo, los registros demográficos no muestran ningún aumento significativo en la natalidad asociado a esos días.
La creencia persiste más como una broma colectiva que como un hecho real, pero refleja el valor que los islandeses otorgaban a la vida familiar y al contacto social antes de la era de la hiperconectividad.
Una lección de otra época
Más allá del mito, la medida muestra cómo las políticas culturales pueden moldear hábitos sociales. En tiempos en que las pantallas ocupan casi todas las horas del día, el “jueves sin televisión” parece un experimento adelantado: un recordatorio de que desconectar también puede fortalecer los vínculos humanos.
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