Un gol puede hacer vibrar un estadio entero, pero también enciende zonas específicas del cerebro humano.
La pasión por el fútbol, tan universal como compleja, es más que un fenómeno social: es un experimento neurológico colectivo.

Un grupo de científicos chilenos decidió mirar el fútbol desde dentro de la mente.
En un estudio publicado en la revista Radiology —de la Sociedad Estadounidense de Radiología—, descubrieron cómo el cerebro de un hincha responde ante la victoria y la derrota con la misma intensidad con que lo hace ante el amor, el placer o el duelo.


Un laboratorio emocional llamado fútbol

El estudio fue dirigido por Francisco Zamorano Mendieta, investigador del Departamento de Imágenes de la Clínica Alemana de Santiago y docente de la Universidad San Sebastián.
Su objetivo era ambicioso: entender qué mecanismos cerebrales explican la pasión, la rivalidad y el sentido de pertenencia que despierta el fútbol.

“Queríamos iluminar los comportamientos ligados a la rivalidad extrema, la agresión y la afiliación social entre fanáticos”, explicó Zamorano.

El fútbol resultó ser el escenario perfecto: permite observar la devoción y la competencia entre grupos sin entrar en los conflictos éticos o políticos que despiertan otras formas de fanatismo.


Cómo se hizo el experimento

Los investigadores reunieron a 43 hinchas varones, fervientes seguidores de Universidad de Chile y Colo Colo, los dos equipos más populares —y rivales históricos— del país.
Antes del experimento, los participantes completaron cuestionarios sobre su nivel de fanatismo y su estado emocional.

Después, cada uno fue expuesto a 63 clips de goles reales, tanto de su equipo como del rival.
Mientras observaban los videos, los científicos registraron su actividad cerebral mediante resonancia magnética funcional (fMRI), una técnica que mide el flujo sanguíneo en diferentes áreas del cerebro para detectar qué regiones se activan ante determinados estímulos.


Ganar un partido activa las mismas zonas cerebrales que el amor, según científicos chilenos
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Goles, placer y dopamina

Los resultados fueron claros.
Cuando el equipo favorito del hincha marcaba un gol, se activaba el sistema de recompensa cerebral, el mismo que responde ante estímulos placenteros como comer, escuchar música o enamorarse.

El doctor Conrado Estol, neurólogo argentino y presidente de la Asociación de Calidad de Vida, explicó a Infobae:

“La victoria del equipo activa las zonas vinculadas al placer y la recompensa, idénticas a las que se estimulan durante el enamoramiento”.

En esos momentos, el cerebro libera dopamina, un neurotransmisor asociado al bienestar, lo que genera esa sensación eufórica que hace gritar, llorar o abrazar desconocidos en la tribuna.


Cuando el rival gana: dolor social y pérdida

Pero el lado opuesto de la emoción es igual de poderoso.
Cuando el equipo rival metía un gol, las regiones cerebrales asociadas al autocontrol y la reflexión mostraban un patrón diferente.
En los hinchas más fanáticos, esas zonas se “apagaban”, reduciendo la capacidad de regular las emociones y aumentando el riesgo de reacciones impulsivas.

“El cerebro reaccionaba al gol del rival con un dolor comparable al de una pérdida afectiva o social”, detalló Estol.

Esta coincidencia neuronal podría explicar por qué una derrota puede sentirse como una traición o un duelo real, y por qué algunos aficionados experimentan una tristeza prolongada tras un partido importante.


Rivalidad, identidad y pertenencia

Más allá del marcador, el estudio sugiere que el fanatismo futbolístico activa mecanismos de identidad social profundamente arraigados.
Ser hincha no solo es apoyar un equipo: es sentirse parte de una comunidad emocional, con sus símbolos, ritos y enemigos compartidos.

Zamorano y su equipo señalan que estos hallazgos también sirven para comprender otras formas de lealtad y rivalidad, como las políticas o religiosas, donde la pertenencia a un grupo puede despertar las mismas emociones intensas que en la cancha.

“El fútbol permite estudiar la devoción y la competencia sin las controversias ideológicas que acompañan a otros tipos de fanatismo”, destacó el investigador chileno.


Lo que revela sobre la mente humana

Aunque el estudio tiene limitaciones —pequeño número de participantes, todos hombres y sin grupo control—, sus resultados abren una ventana al funcionamiento emocional del cerebro social.
Muestran cómo los vínculos colectivos pueden activar los mismos sistemas neuronales que las emociones más íntimas, como el amor, la pérdida o la euforia.

Zamorano sostiene que entender estas reacciones podría ayudar a desarrollar estrategias para prevenir conductas agresivas en contextos deportivos o de alta competencia.
La ciencia, al fin y al cabo, confirma lo que muchos hinchas ya saben: el fútbol no solo se juega con los pies, sino también con el cerebro.

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