La popularidad de los tatuajes ha crecido de forma imparable, sobre todo entre los jóvenes. Sin embargo, poco se sabía sobre cómo interactúa la tinta con el sistema inmunitario más allá de reacciones locales o ganglios pigmentados. Un estudio publicado en PNAS, realizado por equipos de Suiza, Alemania, Italia y República Checa, muestra que los pigmentos pueden mantenerse activos en los ganglios durante semanas, generando una inflamación persistente que influiría en la respuesta a algunas vacunas.
Una investigación que revela un efecto inmunológico duradero
El trabajo analizó lo que ocurre en el organismo tras tatuar a ratones con tintas negra, roja y verde —las más utilizadas en el mundo— y estudiar posteriormente su reacción ante distintas inmunizaciones. Los pigmentos, transportados por el sistema linfático, quedaron alojados en los ganglios que drenan la zona tatuada y permanecieron allí al menos durante dos meses.
Los científicos observaron una inflamación sostenida y la presencia constante de macrófagos cargados de tinta. La muerte repetida de estas células y su sustitución mantenían la zona en un estado de alarma inmunológica que alteraba las señales químicas locales. Ese entorno modificado influyó directamente en cómo respondían los animales a las vacunas.

Cómo cambió la respuesta a las vacunas
Cuando los ratones tatuados recibieron una vacuna contra el COVID-19 en la misma zona del tatuaje, generaron menos anticuerpos IgG, un indicador clave de protección. En el caso de la tinta roja y verde, también descendieron los anticuerpos IgM.
En cambio, con la vacuna de la gripe inactivada, la respuesta fue sorprendentemente mayor, lo que sugiere que la inflamación crónica puede potenciar ciertas inmunidades.
Pero cuando la vacunación se aplicó lejos del tatuaje, estos efectos desaparecieron. Esto indica que el fenómeno sería local, vinculado a los ganglios que drenan la zona pigmentada.
¿Es un riesgo real para los seres humanos?
A pesar de la contundencia de los resultados en ratones, los investigadores piden cautela: aún no se sabe si los efectos se replican en humanos. Lo que sí recomiendan es avanzar hacia una regulación más estricta de las tintas, cuyos ingredientes no siempre están claramente identificados.
Expertos consultados, como la infectóloga Alejandra Gaiano, coinciden en que los hallazgos son relevantes, pero preliminares. Consideran razonable evitar, por prudencia, inyectar vacunas directamente sobre tatuajes, al menos hasta que haya estudios más amplios en personas.

Una nueva vía de investigación inmunológica
El estudio abre un campo inexplorado: cómo los pigmentos permanentes interactúan con el sistema inmune a largo plazo. Factores como el tamaño del tatuaje, la cantidad de tinta o el tipo de pigmento pueden influir en la magnitud del efecto.
Mientras se esperan nuevos datos, el trabajo deja una idea clara: los tatuajes pueden ser mucho más que una expresión estética. También podrían ser una pieza inesperada en el complejo rompecabezas del sistema inmunitario.
🔬 ¿Te fascina la ciencia? Suscribite a nuestro canal de YouTube para contenido científico que te va a volar la cabeza.
▶ Suscribirme





Deja tu comentario