El cuerpo humano es una maquinaria compleja, llena de virtudes… y de ausencias llamativas. Una de las más conocidas es la incapacidad de producir vitamina C por sí mismo, algo que sí ocurre en la mayoría de los animales. Durante décadas se interpretó como un simple error evolutivo. Sin embargo, nuevas investigaciones sugieren que esta carencia podría esconder un beneficio biológico que hasta ahora había pasado desapercibido.

Una pregunta evolutiva que llevaba décadas sin respuesta
La vitamina C es esencial para el sistema inmunológico, la cicatrización y múltiples procesos metabólicos. Su ausencia prolongada provoca enfermedades graves como el escorbuto, lo que refuerza la idea de que no poder sintetizarla supone una clara desventaja. Aun así, la evolución mantuvo esa limitación en humanos y en otras especies concretas, lo que siempre ha generado una pregunta incómoda: ¿por qué no se corrigió?
La mayoría de los animales producen vitamina C gracias a una enzima llamada GULO, que transforma la glucosa en ácido ascórbico dentro del organismo. En algún punto de la evolución, ciertas especies perdieron el gen encargado de activar ese mecanismo. El resultado fue una dependencia total de la dieta, con riesgos evidentes… pero también con posibles efectos colaterales positivos.
Un grupo internacional de investigadores decidió explorar esa posibilidad desde un ángulo poco habitual. En lugar de centrarse en las consecuencias negativas de la carencia, se preguntaron si esa limitación podía influir en la relación entre el organismo y determinados parásitos. Para ello eligieron un modelo concreto: la esquistosomiasis, una enfermedad parasitaria que afecta a millones de personas en distintas regiones del mundo.
El planteamiento era simple pero arriesgado. Si el parásito necesita vitamina C para completar su ciclo vital, ¿qué ocurre en un organismo que no puede producirla internamente?

El experimento que cambió la forma de ver la vitamina C
Para responder a esa pregunta, los científicos trabajaron con dos grupos de ratones: unos normales y otros modificados genéticamente para no producir vitamina C, imitando así la condición humana. Ambos grupos fueron infectados con el parásito Schistosoma mansoni y observados durante distintas fases de su desarrollo.
Los resultados fueron sorprendentes. En los ratones capaces de producir vitamina C, el parásito no solo sobrevivía, sino que lograba reproducirse y causar daño significativo. En cambio, en los ratones sin la enzima GULO, el parásito no conseguía completar su ciclo reproductivo. Seguía presente, pero era incapaz de poner huevos, que es lo que provoca las complicaciones más graves de la enfermedad.
El equipo también experimentó con cambios en la dieta, alternando periodos con y sin vitamina C. Incluso en esas condiciones, los ratones modificados no desarrollaron escorbuto severo y el parásito continuó sin poder reproducirse. A nivel celular, el análisis reveló que la vitamina C resulta clave para procesos internos del parásito relacionados con la puesta de huevos.
Este detalle es fundamental: no se trata de que la falta de vitamina C mate al parásito, sino de que bloquea el paso más peligroso de su ciclo vital.
Cuando una desventaja se convierte en escudo biológico
A partir de estos datos, los investigadores plantean una hipótesis provocadora. La pérdida de la capacidad de producir vitamina C pudo no ser solo una desventaja evolutiva, sino también una forma indirecta de protección frente a infecciones parasitarias graves en determinados contextos históricos y ambientales.
La evolución no siempre selecciona la perfección, sino el equilibrio. En entornos donde ciertos parásitos eran una amenaza constante, una limitación metabólica podía marcar la diferencia entre sobrevivir o no. No sería la primera vez que una aparente debilidad se convierte en una ventaja adaptativa.
Eso sí, los propios científicos son prudentes. El estudio se realizó en ratones y con un único tipo de parásito, por lo que no se puede extrapolar directamente a los humanos ni a otras enfermedades. Aun así, el hallazgo abre una puerta fascinante a nuevas líneas de investigación sobre la relación entre nutrición, genética y resistencia a infecciones.
Lejos de justificar deficiencias nutricionales, el trabajo invita a repensar cómo la historia evolutiva del ser humano está llena de decisiones biológicas complejas, donde perder algo puede, en ciertas circunstancias, significar ganar protección. Una idea que transforma por completo la forma en que entendemos una de nuestras carencias más conocidas.
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Carolina Couselo cubre cine, series y anime en Oasis Nerd. Cinéfila apasionada, sus reseñas se destacan por una mirada crítica que va más allá de los títulos obvios — siempre en busca de esa película o serie que todavía no encontró su audiencia. Si hay un underdog en las pantallas, Carolina probablemente ya lo vio.






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