Elegir un perro adecuado como mascota o para tareas especializadas nunca ha sido sencillo. Las pruebas tradicionales dependen en gran medida de la observación humana, con un margen alto de subjetividad. Ahora, una investigación de la Universidad Nacional Kyungpook sugiere que el temperamento canino podría evaluarse de forma objetiva mediante hormonas y neurotransmisores, abriendo una nueva etapa en el conocimiento del comportamiento animal.
El papel del cortisol y la serotonina en el comportamiento canino
El comportamiento de los perros no depende solo de la educación o el entorno. Factores biológicos internos también influyen de forma decisiva. El cortisol, conocido como la hormona del estrés, se eleva cuando el animal se enfrenta a situaciones percibidas como amenazantes. La serotonina, por su parte, está asociada al bienestar emocional y la regulación del estado de ánimo.
Según el análisis publicado en PLOS One y recogido por Popular Science, estas sustancias ofrecen una ventana directa a la respuesta emocional del perro, más allá de lo que puede observarse externamente durante una prueba conductual.

Cómo se realizó el estudio
La investigación, desarrollada por la Universidad Nacional Kyungpook, incluyó a 24 perros de distintas razas y edades. Los animales fueron sometidos a una versión adaptada de la prueba Wesen, un test ampliamente utilizado para evaluar temperamento y aptitud conductual.
Durante la evaluación, los perros enfrentaron situaciones como la presencia de extraños, ruidos inesperados, aislamiento temporal y diferentes interacciones sociales. Antes y después del test, se recogieron muestras de saliva para medir los niveles de cortisol y la concentración de serotonina mediante técnicas de laboratorio.
Qué revelaron los resultados
Los datos mostraron una relación clara entre los biomarcadores y el comportamiento. Los perros con mejores puntuaciones de temperamento presentaron niveles más bajos de cortisol tanto antes como después de la prueba, lo que indica una menor respuesta al estrés.
Además, cuanto menor era la variación del cortisol durante la evaluación, mejores eran las puntuaciones globales del animal. En el caso de la serotonina, los resultados fueron más complejos: aunque algunos análisis no alcanzaron significación estadística, el estudio sí encontró asociaciones relevantes entre niveles más altos de serotonina y mejores perfiles conductuales.
Los autores concluyen que la combinación de cortisol y serotonina puede funcionar como un indicador fisiológico fiable del temperamento canino.

Aplicaciones prácticas: adopción y perros de trabajo
El uso de biomarcadores abre la puerta a evaluaciones más objetivas en procesos de adopción y selección de perros para tareas específicas, como asistencia, terapia, rescate o trabajo policial. Frente a métodos basados únicamente en la observación, estos indicadores permiten reducir errores y mejorar el bienestar tanto de los animales como de las personas.
Según los investigadores, integrar datos fisiológicos podría evitar asignaciones inadecuadas que generan estrés crónico en los perros y problemas de convivencia.
Limitaciones y futuro de la investigación
El propio equipo advierte que el tamaño reducido de la muestra obliga a interpretar los resultados con cautela. No se puede afirmar que las hormonas causen directamente el comportamiento, solo que existe una asociación consistente.
Futuras investigaciones con más perros y mayor diversidad serán clave para validar este enfoque. Aun así, el estudio marca un paso importante hacia una evaluación del temperamento canino más científica, precisa y respetuosa con la naturaleza de los animales.
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