Durante años, muchos estudios han intentado capturar la esencia de los RPG de acción de los 90. Pocos lo logran sin caer en la simple imitación. Esta vez, una propuesta independiente apuesta por algo más que nostalgia: construye un mundo propio, lleno de color, rarezas y sistemas que invitan a descubrir en lugar de explicar. El resultado ya se puede jugar, y apunta directamente a quienes crecieron explorando mapas pixelados sin mapas llenos de marcadores.

Under The Island
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Una isla que esconde más de lo que parece

Under The Island ya está disponible en PC, Nintendo Switch, PlayStation 5, PlayStation 4 y consolas Xbox, marcando su debut multiplataforma con una clara intención: llegar tanto al público nostálgico como a nuevas generaciones curiosas por experimentar un diseño más clásico.

La historia nos pone en la piel de Nia, una recién llegada a un territorio tan encantador como inquietante. Lo que comienza como una adaptación a un nuevo hogar pronto se transforma en algo más urgente. Junto a su amiga Avocado, descubre que la Isla Seashell enfrenta un destino inminente que amenaza con cambiarlo todo.

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El mundo se divide en seis regiones diferenciadas, cada una con identidad propia. Hay montañas heladas donde los cultivos crecen en condiciones improbables, desiertos habitados por criaturas vegetales agresivas y zonas costeras que combinan calma aparente con peligros ocultos. Todo está representado con un pixel art vibrante que evoca la era de los 16 bits, pero con un nivel de detalle contemporáneo.

La dirección artística apuesta por colores intensos y personajes expresivos, reforzando ese aire anime noventero que no se limita a lo estético: también se siente en la narrativa, que mezcla humor, ligereza y un trasfondo más serio de lo que aparenta.

Explorar no es una tarea guiada por flechas luminosas. Aquí la curiosidad es el principal motor.

Sin tutoriales interminables y con herramientas inesperadas

Uno de los rasgos más llamativos de Under The Island es su rechazo a la sobreexplicación. El jugador aprende avanzando, probando, equivocándose y encontrando objetos que transforman la forma de interactuar con el entorno.

Al inicio, el equipamiento es casi ridículo: un simple stick de hockey sirve como arma improvisada. Sin embargo, a medida que se explora, aparecen herramientas poco convencionales que desbloquean nuevas rutas y soluciones. Una pala puede revelar secretos enterrados, una trompeta activa mecanismos inesperados y hasta un ave puede convertirse en aliada para alcanzar zonas inaccesibles.

El combate tampoco busca ser convencional. Los enemigos incluyen criaturas tan absurdas como berenjenas que expulsan proyectiles o animales que modifican el terreno a su favor. La estrategia surge de la observación y del uso creativo de los objetos disponibles.

Pero no todo gira en torno a salvar el mundo. Hay actividades secundarias que amplían la experiencia y aportan un tono más ligero: concursos culinarios, rescates de mascotas extraviadas o encuentros con facciones tan peculiares como los autodenominados “piratas del cereal”.

El entorno responde a las acciones del jugador. Es posible interactuar con la fauna, modificar elementos del escenario y hasta ganarse la simpatía de ciertos animales con pequeños gestos. Esa sensación de mundo vivo es clave para que la exploración se sienta orgánica.

Cada descubrimiento no es solo un avance mecánico, sino también narrativo.

Nostalgia con identidad propia y ambición moderna

Más allá de su estética retro, el juego no se limita a replicar fórmulas del pasado. La estructura abierta permite abordar regiones en distintos órdenes, fomentando la experimentación. No hay una única manera de progresar ni un camino estrictamente lineal.

La narrativa combina ligereza y tensión. La amenaza que se cierne sobre la isla funciona como motor principal, pero el tono nunca pierde esa chispa excéntrica que define al conjunto. Es una mezcla calculada entre aventura clásica y sensibilidad moderna.

El lanzamiento global refuerza su ambición. No se trata de un homenaje menor, sino de un proyecto que busca posicionarse como referente dentro del actual resurgir del pixel art. En un mercado saturado de propuestas retro, diferenciarse exige algo más que filtros visuales.

Under The Island apuesta por mecánicas poco convencionales, humor extraño y un diseño que premia la curiosidad sobre la optimización. Es un recordatorio de una época en la que perderse formaba parte del encanto.

Para quienes añoran los RPG de acción de los 90, la propuesta funciona como una puerta directa al pasado. Para quienes nunca vivieron esa era, puede ser una invitación a descubrir por qué ese estilo sigue despertando tanto interés.

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