Durante mucho tiempo, imaginar ha sido considerado un privilegio humano. Soñar despiertos, planear escenarios hipotéticos o fingir situaciones inexistentes parecía una capacidad ligada al lenguaje y la cultura. Sin embargo, un experimento tan simple como un juego de té ha puesto en duda esa frontera cognitiva.

Un bonobo frente a un mundo que no existe

La investigación fue llevada a cabo por Chris Krupenye, científico cognitivo de la Johns Hopkins University, y Amalia Bastos, de la University of St Andrews. El protagonista del estudio fue Kanzi, un bonobo criado en cautiverio y conocido por su capacidad para comunicarse con humanos mediante símbolos y por comprender instrucciones básicas en inglés.

Kanzi vive en la Ape Initiative, un centro dedicado al estudio cognitivo de grandes simios. Gracias a su habilidad para señalar respuestas y comprender preguntas simples, los investigadores encontraron en él un candidato ideal para explorar una pregunta compleja: ¿puede un simio imaginar algo que no está ocurriendo?

Juegos de té y psicología del desarrollo

Para diseñar el experimento, los científicos se inspiraron en estudios clásicos de psicología infantil realizados en la década de 1980. En ellos, se utilizaban juegos de té simulados para comprobar si los niños podían seguir la lógica de objetos “invisibles”, como jugo imaginario que se vierte de una jarra a una taza.

El procedimiento con Kanzi fue similar. Los investigadores utilizaron dos tazas y una jarra transparentes, todas vacías. Fingieron verter jugo de la jarra en ambas tazas y luego simularon devolver el contenido de una de ellas a la jarra. Después, le preguntaron a Kanzi en cuál de las tazas quedaba el jugo imaginario.

El resultado fue llamativo: Kanzi respondió correctamente en aproximadamente el 70 % de los intentos.

Mantener dos mundos en la mente

Según los investigadores, este desempeño indica que el bonobo fue capaz de mantener en su mente una representación alternativa del mundo. Aunque sabía que no había jugo real, actuó como si lo hubiera, siguiendo la lógica interna del juego.

Esta capacidad es clave desde el punto de vista cognitivo. Imaginar escenarios hipotéticos permite anticipar consecuencias, evaluar opciones y planificar acciones antes de ejecutarlas. En humanos, está estrechamente ligada a la toma de decisiones complejas.

El hallazgo sugiere que esa habilidad podría haberse originado mucho antes de la aparición de nuestra especie, en un ancestro común compartido con chimpancés y bonobos hace entre seis y nueve millones de años.

¿Imaginación más allá del cautiverio?

Los científicos aclaran que aún no saben si los simios en libertad utilizan esta capacidad de la misma manera. Probar juegos de simulación en entornos naturales resulta extremadamente difícil.

Aun así, el estudio abre una puerta importante: la imaginación podría no ser un rasgo exclusivamente humano, sino una facultad compartida con otros animales capaces de representar mentalmente mundos que no existen.

En ese sentido, un simple juego de té imaginario no solo desafía una idea arraigada en la ciencia, sino que también obliga a repensar cómo entendemos la mente animal.

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